La Odisea: Un Libro de Viajes sin Retorno

Cuando hablamos de La Odisea, nos referimos al clásico griego del supuesto autor (¿uno o varios?) llamado Homero, que le dio forma al texto, allá por el Siglo VIII a.d.C. La Odisea es uno de los denominados Nostoi o relato de regreso a casa de quienes combatieron en la Guerra de Troya. Etimológicamente, la palabra nostalgia viene del griego νοστος (nostos: regreso) y αλγος (algos: dolor). La nostalgia es el dolor de verse ausente de la patria o de los amigos. Esto le sucedió a Odiseo y emprendió entonces, el regreso a Ítaca, su patria.

La Odisea es un libro que se ha resignificado en diferentes artes (música, literatura, teatro, etc.) para darle un nuevo sentido a lo que el héroe épico Odiseo inició. Es decir: un viaje, el retorno al hogar, la búsqueda y la construcción de su identidad, convertirse en un líder que pensaba en él y en sus compañeros, vencer a los obstáculos que se interponían frente a un destino, disfrutar de las tentaciones del camino. Casi nada.

Odiseo, también llamado Ulises y calificado como del linaje de Zeus, fecundo en ardides, igual a Zeus en prudencia, es mucho más que un héroe épico. Es el símbolo y la representación de todos los hombres y mujeres que alguna vez hemos dicho o sentido, en diversos contextos ¡Esto es una Odisea!, una aventura, una hazaña, algo muy complejo. ¿Quién no ha dicho o escuchado esa frase ¡Esto es una Odisea!, sin suponer que en esas tres palabras evocaba y congregaba a: Ulises , Troya, Penélope, Calipso, Telémaco, Polifemo , Poseidón, Atenea, Circe , las sirenas y otros monstruos y divinidades encantadoras. Cuántas evocaciones en una frase tan breve. El increíble poder de la literatura, de la ficción. Es que sin saberlo hemos sido también parte del viaje de Odiseo. Todos/todas hemos viajado (aún sin necesidad de movernos físicamente) al pasado, al futuro, en un viaje íntimo. Hemos vivido peripecias, grandes o pequeñas hazañas, obstáculos, vientos y mareas contrarias que nos impidieron llegar a “casa”.

El libro habla de un héroe épico que después de diez años de ausencia por combatir en la Guerra de Troya, tardó diez años más en su viaje de regreso a Ítaca, su hogar; pero la lectura resuena y se amplifica en cada detalle. Nuestra humana experiencia se estremece en cada frase. Veamos por ejemplo el momento en que Odiseo es recibido en el palacio de Alcinoo, aún sin haber dado a conocer su verdadera identidad. En ese momento de la cena, un cantor refiere sucesos de la guerra de Troya que tratan sobre él mismo:

Y apenas saciado el deseo de comer y de beber, la Musa excitó al aedo que celebrase la gloria de los guerreros con un cantar cuya fama llegaba, entonces, al anchuroso cielo (…) Tal era lo que cantaba el ínclito aedo. Odiseo tomó con sus robustas manos el gran manto color púrpura y se lo echó por encima de la cabeza, cubriendo su faz hermosa, pues dábale vergüenza que brotaran lágrimas de sus ojos delante de los feacios; y así que el divinal aedo dejó de cantar, enjugóse las lágrimas, se quitó el manto de la cabeza y, asiendo una doble copa, hizo libaciones a las deidades” (Homero; C IV).

O el pasaje en que Odiseo, en el Canto XI, encuentra a su madre en el Hades o Región de los muertos. Él le pregunta cómo y por qué murió y ella dice: “Así morí yo también, cumpliendo mi destino (…) la soledad que de tí sentía y la memoria de tus cuidados y de tu ternura, preclaro Odiseo, me privaron de la dulce vida”. Entonces Odiseo nos cuenta: “Quise abrazar el alma de mi difunta madre. Tres veces me acerqué a ella, pues el ánimo me incitaba a abrazarla, tres veces se me fue volando de entre las manos como sombra o sueño. Entonces sentí en mi corazón un agudo dolor que iba en aumento”. Y más adelante Anticlea, su madre, le explica: “¡Ay de mí, hijo mío, el más desgraciado de todos los hombres! (…) esta es la condición de los mortales cuando fallecen: los nervios ya no mantienen unidos la carne y los huesos, pues los consume la viva fuerza de las ardientes llamas tan pronto como la vida desampara la blanca osamenta y el alma se va volando, como un sueño”. Para muestra basta un botón. Ternura, humanidad, sentimientos de un héroe guerrero, “el más astuto” que intenta retornar a casa.

Quienes se acerquen a la Odisea leerán una historia fascinante donde las diosas transforman el aspecto del héroe, según se halle frente a sus enemigos, o a su amada. Verán un Ulises que llega a su patria, se reencuentra, luego de veinte años con su padre y esposa y debe pasar todas las pruebas del reconocimiento. Verán, también, las estrategias de una mujer para “alejar” a sus pretendientes; y a un increíble perro fiel que lo olfatea, lo reconoce, y muere de alegría por verlo llegar.

En fin, un viaje increíble para el lector que se aventure a esta Odisea.

Y si hablamos de resonancia actuales de La Odisea, en la literatura, tenemos el caso del chileno Alejandro Zambra y su “Formas de volver a casa”, (u Odisea moderna, me atrevo a decir). Aquí un narrador autofictivo regresa a su Chile “dictatorial” de la infancia, para reencontrarse con su familia y su “padre”. Y vuelve, vuelve a casa de diversas y atractivas formas. La literatura es de nuevo un viaje, una pasión, una odisea.

Natalia Belenguer

Revista “Rescate” N°14, Marzo 2018

Hoja de Ruta: 13 ¡¿Qué te Parece?!

«Tiempo nuevo, tiempo de unidad,

y de entender sin la palabra.

(…)

Tiempo que encuentra verdad en lo inmenso,

para despertar en la voz.»

*

La travesía por el lado oscuro de la luna muestra la paz inerme de un desierto invernal, mientras el estancamiento sigue profundizándose hasta niveles insospechados dos años atrás. Y es en medio de esta funesta y extraña pax que llega el turno del 13, número ominoso si los hay, que clarificará cual es la salida del curioso laberinto que transitamos como sociedad los más argentos seres de esta humanidad.

Porque si bien el Tarot de Marsella asigna el XIII Arcano a La Muerte, en la quiniela le asignan La Yeta como significado, y Freddy Kruger atacaba los martes 13, cuando no hay ni que casarse ni embarcarse, personalmente estoy convencido que todo esto no es mas que una intensa campaña de desprestigio mediático que el 13 sufre –y no me refiero al canal televisivo, por supuesto–, al igual que los hermosos gatos negros y tantos otros.

Prefiero asignarle el sagrado poder ceremonial oculto en trece comensales; los trece ciclos lunares que rigen nuestro devenir estelar; el aciago poder regenerativo de La Muerte como XIII arcano, que simboliza el comienzo de un nuevo período en la evolución general del Tarot de Marsella; o la comunidad entre los hombres, de acuerdo al décimo tercer hexagrama del Libro de las Mutaciones, que es un momento propicio para llevar a cabo aun las tareas difíciles y peligrosas.

En el arranque del segundo tiempo de este partido estanco, donde hasta ahora los únicos ganadores son los mismos pocos de siempre, es hora de pisar la pelota y levantar un poco la vista; omitir las palabras vacías de empatía que nos inyectan a diario y otear hacia el horizonte en busca de las palabras que trae el viento, que se enciende y da la luz*; porque hay un destino mejor allí adelante, justo a la salida de este laberinto de corporativismo meritocrático que se ha expandido por la sociedad como una mancha de aceite.

Pasa el tiempo y giran los cuerpos luminosos del cielo, que sirven para la partición y estructuración del mismo, con el rumbo fijo hacia la siguiente constelación que significará el próximo avance de la República, que podrá ser únicamente realizado sobre la base de una participación cósmica.

Y uno de estos martes 13 cualquiera llega la hora de cantar en el viento por cantar, de librar la voz de la palabra, y es que si hay que hablar de lo que está haciendo nuestro benemérito señor presidente, es mejor hacerlo en este día 13, durante el cual el recio viento y la fría lluvia me limpiarán de toda impureza.

Porque las profecías de proyección auto cumplida realizadas durante los pasados años de gestión peronista se siguen sucediendo en la impresentabilidad de esta casta administradora que se he esforzado por evadir cuanta norma el Estado Nacional imponga para redistribuir las riquezas de nuestra argenta patria, favoreciéndose a ellos mismos y a sus más cercanos. Mientras se suceden los desaciertos económicos y crecen las tarifas, la inflación y la deuda pública; mientras 44 compatriotas descansan en un oscuro e incierto y oceánico final; mientras se multiplican las víctimas fatales a manos de las fuerzas de seguridad, ya sea en las calles, los ríos, los bosques o en sus campos de entrenamiento –bien Carrasco style–; quienes nos desgobiernan no hacen más que recrudecer las políticas que nos estancan, como si se tratara de un auto empantanado que a cada acelerada no hace más que enterrarse más profundo.

Cerrados sus ojos a pura soberbia, reescriben las reglas a su antojo para saquear a la sociedad argentina ante los ojos de todos, solamente porque ese es el orden natural de las cosas; la supervivencia del más apto. Yo me pregunto constantemente como harán para justificarse en el futuro cercano (porque en política, todo futuro es demasiado cercano), como explicarán las cosas como para eludir las responsabilidades que les corresponden por los descalabros que siembran día tras día. ¿Cómo harán para vaciar de contenido las palabras que expliquen lo que han hecho en tan poco tiempo?

Desde el culo del mundo no encuentro más remedio que atestiguar lo que ocurre ante los ojos de todos: soltar a volar la voz, sonido que viaja en libertad, abrigando en mi la esperanza de que finalmente, más temprano que tarde, volverá la comunidad entre los hombres a la sociedad argentina, una comunidad en la que «no son los fines particulares del yo, sino las metas de la humanidad» las que nos cohesionarán hacia el argento futuro que nos aguarda a la vuelta del próximo ciclo que se cumpla.

Porque hubo un tiempo que en la América estaba plagada por comunidades de hombres, pobladores que a lo largo de milenios habían aprehendido a sangre y fuego que la comunidad era la única manera posible de persistir ante un medio que por su propia competencia natural hacía de las unidades individuales elementos demasiado débiles para persistir.

Un tiempo donde la tierra era de nadie, por lo que era de todos; en el que la no colaboración y el individualismo sólo llevaba a la propia desaparición; cuando los logros eran de la comunidad y no de los individuos; donde la no posesión no era un estigma, sino la libertad de las comunidades fluyendo al ritmo de los ciclos de la tierra.

El viento me cuenta que según las viejas concepciones locales «la vida humana tiene sentido en tanto se desarrolle colectivamente; la persona es respetada pero adquiere su plenitud en función de la comunidad. Todos tienen en ella su lugar: niños, mujeres, hombres y ancianos, y su presencia es importante para los demás. Así como el hombre pertenece a la tierra, también pertenece a una comunidad, forma parte de ambas». Tiempo en las que incluso los ancianos tenían su lugar dentro.

Desde aquel tiempo, y si bien para el grueso humano nos hemos desarrollado, hubo de haber un momento preciso en el que las comunidades devinieron en sociedades: el fin de los comunes y su actuación como unidad en la que todos son iguales entre sí –»una estructurada diversificación»– para dar lugar a las agrupaciones de socios individuales, mezclas de personas con necesidades e intereses particulares que suelen primar por sobre los de la sociedad, más en la línea del sálvese quién pueda que en la perspectiva de una única salvación: la conjunta.

Mientras tanto, en estas tierras que aún hoy conservan algo de lo que fueron ayer para aquellas comunidades, he de adaptar mi asumida genética occidental que grita por enraizar pronto y abandonar el nomadismo recolector, pero he de también lograr adaptarme al americanismo patagónico que se desarrolla en mi: tengo que ir sembrando las semillas que germinarán durante el fin de la oscuridad, para que en el resurgir de la luz los brotes puedan aprovechar la naciente y creciente energía del próximo ciclo. He que participar de las comunidades entre los hombres no para conformar «una mezcla de individuos –que sería caos y no comunidad–», si no para construir «una estructurada diversificación que conduzca al orden», y por ende, al progreso, y así volver de a poco a los orígenes americanos que me pueblan cada día más.

Podré aprehender y profundizar nuevos aspectos de estas comunidades en experiencias tan cercanas como disímiles. Procuraré ser ese «uno que sea blando entre los muchos firmes», siempre argentino, intentando mantener la claridad tanto en los mármoles del palacio como en la arena del coliseo, si se me permite la metáfora histórica, en la búsqueda de la pacífica cohesión de los individuos para sortear las difíciles tareas que aguardan en el horizonte próximo: un tiempo nuevo de unidad sin la palabra entender.

Sea como sea, el 13 me acompañará aún cunado esto ya sea puro pasado, y entonces tendré la ocasión de ver los resultados de estas comunidades entre hombres, de analizar lo realizado y encontrar los aciertos y errores que me permitan el desarrollo de las futuras comunidades entre los hombres que me sea honrado integrar, ya que por lo general son estas uniones fundamentadas por «ser accesibles de igual modo a todos los participantes».

En el marco de las esferas personales, yo ya he elegido a los conductores de mi destino para que encaminen las existencias de estas comunidades de forma perseverante y esclarecida; líderes «cuyas metas son claras, evidentes y entusiasmadoras, a las que (creo yo) sabrán convertir en realidad con toda energía», y a esta energía es a la que yo tributaré todos mis esfuerzos.

Me resta aún saber cual será la conducción del proceso nacional que nos haga transitar el próximo ciclo lumínico de la luna, que con suerte durará algo más que esta (ansío) breve fase de oscuridad conservadora que nos ha tocado en suerte, para volver a ser la argenta patria austral de nuestro mundo.

En definitiva, recaerá en las espaldas del mismo movimiento de siempre el lograr cambiar lo malo y mantener lo bueno de la última cosa verdaderamente comunitaria que le pasó a la totalidad de los argentinos, porque evidentemente la corporación liberal ceocrática que nos gobierna en la actualidad está totalmente obsesionada en cometer los mismos errores que cometieron todos sus históricos predecesores de clase.

Además, todos hemos de estar atentos, porque el grito espera la unión del silencio para despertar en la voz, y quienes rigen nuestros destinos parecieran obsesionados en que dicha espera sea lo más breve posible. Muchos de nosotros ya sabemos de que se trata la voz de nuestro pueblo cuando se unen nuestros silencios. Es cuestión de ver si vuelve a alzarse.

¿Será ésta espera el tiempo que encuentra verdad en lo inmenso para despertar en la voz? ¿O será el justo momento en el que se cumpla una nueva reencarnación argenta que, tras seis nuevos presidentes, o los que sean, resucitó en una nueva gestión peronista?

PD: Resta por ver este año el resultado de la comunidad de los niñoshombresjugadores que nos representarán en Rusia 2018. Veremos si nos traen la posesión de lo grande.

Fuentes:

* e itálicas: «Lará lará lará». Cuatro $s de propina.

I Ching

Indígenas de la Argentina: Un viaje por el arte y la cultura de los pueblos originarios. Dirección: Paulo Campano.

Joaquín Domenech

Revista “Rescate” N°14, Marzo 2018

¡Volveremo, volveremo!: Nuevo elogio del regreso

Una vez más, después de un tiempo de descanso y de replantear voluntades y objetivos, nos disponemos a iniciar el camino con Rescate. Y esa misma circunstancia fue la que nos dictó (casi obligadamente) la temática de esta nueva edición: “Volver”. Todo lo cual, a su vez, nos ha hecho reflexionar nueva y largamente sobre este viejo asunto: la vuelta.

“Nunca segundas partes fueron buenas”, dice el refrán popular. Paradójicamente, dicho dicho (valga la repetición) ha quedado cristalizado en la historia de la literatura en una charla de Don Quijote, Sancho Panza y el Bachiller Sansón Carrasco, justamente en la segunda parte de las aventuras del triste caballero andante (Don Quijote, II, 4). Y la conversación se refiere, efectivamente, a la publicación de la segunda parte de la proverbial primer novela castellana. Toda una declaración de principios.

Heráclito el Oscuro ya propuso, hace más de dos mil quinientos años y para siempre, la frase más hermosa y triste de todos los tiempos: “No bajarás dos veces al mismo río” (Fragmento 91).

En la vereda de enfrente, nuestra poeta Cecilia Fresco (contra todo heraclismo) propone: “Los pies que entran al agua son los mismos/ que entraron hace treinta, hace diez/ o cualquier año/ las piedras son las mismas/ no hace más/ ni menos frío, el aire/ está siempre así/ limpio/ el brillo, el clima/ no cambia, no se mueve, no se achica.” Y concluye: “Siempre me baño en el mismo lago” (Realidad vs Representación, Ediciones del Dock, 2014).

“Volver, terminar con un amor, cortar el pasto:/ creo haberlo hecho antes/ con la misma secuencia”, se confiesa Eliana Navarro (poeta barilochense), en uno de los poemas de su libro titulado (justamente) Circular (Fondo Editorial Rionegrino, 2008).

El escritor de San Martín de los Andes Marcelo Gobbo dice en uno de los textos de El repliegue: “Este río me baña dos veces/ con el mismo miedo” (El Suri Porfiado Ediciones, 2015).

“Soy quien vuelve a las antípodas:/ ir más lejos en la esfera es siempre regresar”, confiesa, a su vez, la poeta de Dina Huapi, Silvia Urtubey (La rebelión de la muda, Fondo Editorial Rionegrino, 2017).

Estos cuatro brillantes poetas, de estas cuatro ciudades cordilleranas vecinas, vuelven así a plantearse, a posicionarse ante el viejo problema de la vuelta.

Todo vuelve: Platón enseñó en Atenas, a mediados del siglo IV a. C., que al cabo de los siglos todos los planetas (y todas las cosas y todos los hombres) recuperarán su estado original. A ese decurso se le llamó año magno o platónico. Nietzsche lo redescubriría veinticuatro siglos después y le estamparía un nombre nuevo y lustroso: el eterno retorno.

En Nueva refutación del tiempo, uno de sus textos más célebres, Borges alega: “Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.

El admirado Negro Dolina sentencia en sus Crónicas del Ángel Gris: “No hay sueño más grande en la vida que el Sueño del Regreso. El mejor camino es el camino de vuelta, que es también el camino imposible” (Refutación del regreso).

De uno u otro modo, de una u otra vereda del pensamiento, la vuelta es ya un lugar común y casi obligado del ser y del decir, del habla popular o académico. Desde el verso canchero en clave de clásico romance español (con todas las licencias poéticas del caso) “Volveremo, volveremo,/ volveremos otra vez,/ volveremo a ser campeones,/ como en el ochenta y seis” pasando por el también futbolísitico “Que de la mano/ de Fulanito/ todos la vuelta vamos a dar…”; hasta el más moderno y sociopolítico “Oh, vamos a volver…”

La vuelta vive en los libros: la Odisea cuenta la vuelta de Ulises a la isla de Ítaca; La vuelta de Martín Fierro es, literalmente, eso mismo.

De las canciones que hablan de vueltas, acaso la más célebre y paradigmática (y que coincide con el título de esta edición) es el tango “Volver” de Gardel y Le Pera. Otras canciones que vuelven: “Volver a los 17”, de Violeta Parra y la preciosa zamba de Castilla y Falú “La volvedora”.

El recién nombrado Alejandro Dolina ha escrito que el catálogo es un género de cuya lectura se sale menos sabio que aburrido. Pero nos disculpamos afirmando que este catálogo ilustra perfectamente todas nuestras disquisiciones previas a la hora de nuestra vuelta.

En estos últimos tiempos estamos más acostumbrados al concepto de saga y de trilogía o tríada. Curiosamente, nuestro pensamiento, nuestro hacer cultural sigue suspendido (y hasta embobado, podríamos arriesgar) por el número 3, amonedado en la célebre sentencia “No hay dos sin tres”. El 3, en el simbolismo bíblico cristiano, es la totalidad: Dios es uno y es tres, la sagrada Trinidad (Dios Padre, Dios Hijo y el Espíritu Santo). El 2, en cambio, parece aludir a rectificaciones, a indecisiones, a cambios de rumbo, a dualidades, a una división.

Aquí está el meollo, el corazón del asunto: ¿Qué hace quien vuelve, quien escribe la segunda parte, la continuación de una obra aparentemente terminada para siempre? Volver a hacer eso que ya hizo, a re-hacer. Ahora: volver a hacer eso que uno ya hizo, ¿es volver a ser ese que uno fue? A contramano de esta versión de las cosas, Heráclito ya nos dijo antes, al principo de este artículo: “No bajarás dos veces al mismo río”. Uno piensa, inmediatamente: “El río es otro”; y después, enseguida, corrige y amplía: “Yo soy otro”.

¿Es posible volver, entonces, a re-hacer, a continuar? ¿Vuelve el mismo y contundente Martín Fierro? ¿Vuelve realmente Ulises a su isla, a Ítaca, en la Odisea? “Nunca se vuelve, muchachos”, nos dice tristemente el amigo Heráclito: Ítaca es otra, Penélope es otra, Ulises es otro. Y la continuación, la segunda parte es en realidad algo nuevo, algo inédito que nos engaña acaso con la máscara de lo viejo, de lo conocido. Así estamos: ya no sabemos, de dónde vamos ni para dónde venimos, gracias a Heráclito el Oscuro.

Así que, con estas indecisas palabras iniciamos esta aparente vuelta y nos despedimos hasta la próxima. Pensándolo bien, nos despedimos para siempre, ya que en la próxima edición, cuando se produzca un nuevo encuentro, ese que se hará llamar Diego Rodríguez Reis, será otro, distinto, del que dice llamarse Diego Rodríguez Reis ahora, e intentará convencerlos por todos los medios de que esa revista llamada Rescate es esta misma revista, o la continuación de esta revista que están leyendo ahora y de que siempre bajamos al mismo río.

Pero ya estaremos avisados y no nos creeremos.

Diego Rodríguez Reis

Revista “Rescate” N°14, Marzo 2018

Cecilia Fresco: Palabras Para Sanar

Cecilia Fresco (la Ceci) es raíz y tallo de Alamberse, grupo literario que se originó en Villa La Angostura hace una década atrás, y de vez en cuando tiene a bien darnos algún fruto. En su mundo íntimo ella se entiende con hortalizas y peces, rayos de sol y cachorros que le crecen en la arena. De una zanahoria, cualquiera saca una ensalada, un puchero, y con cierto empeño un tapenade, pero la Fresco, así, como su apellido lo indica: saca poesía.

Ceci Fresco escribe a mano de una manera que da a pensar que le huye a las palabras. Tuve el privilegio que me dedicara un ejemplar de Invierno, a sabiendas que seré una vil ausencia en la presentación de su libro, el viernes 18, a las 20 horas en la Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”.

Dibuja letras que parecieran querer huir con ella del papel. Me inquieta esa sutileza que la prefigura como poetisa (a mi gusto, su mejor perfil), y le prometo que guardaré el libro para un viaje… Pero no puedo: ¡la Fresco escribe tan bello! Arranco entonces por la contratapa que ahí tiene el prólogo -como otra fuga- de Eliana Navarro… (¡Otra!) Bello, muy bello, pero no deja de ser incisivo, hiriente. Y digo: no puede ser que la Ceci, escriba con «finísimas hebras de hielo que engarzan… puntadas inesperadas», como afirma Navarro.

Entonces me meto y leo: «En la nieve (el padre)». Y compruebo que sí, que en un incidente menor, en una vida simple y aturdida, se busca la redención en un gesto humano e inexplicable. Más humano quizá por esa falta de lógica. Y la angustia, el sinsentido y la tristeza tienen un manto de belleza que desnuda a la historia y envuelve a quien la lee.

Y aunque de narrativa se trate, así como el personaje no puede escapar a su sino, Ceci Fresco no puede escaparle a la poesía. Aunque hiera.

La visión del libro sobre la mesa la pone jubilosa, se congratula de su belleza; le digo que sí, que ciertamente es un producto muy bello en su estética, en su diseño y armonía. Festeja los colores y la ilustración de las tapas, entonces me desordena el cuestionario de la entrevista y pasamos raudas a la que en mis planes era la séptima pregunta, dejando la media docena anterior para cualquier otro momento.

Vivi: -¿Por qué elegiste a Paola (Knotek) para la tapa?

Cecilia: -Es muy grosa, a mí me encanta lo que hace Paola. Conceptualmente es copada. Hace mucho le dije, viendo cosas que hacía: “vos vas a ser tapa de un libro mío”. Mucho antes de tener el libro yo sabía que me copaba Paola para la tapa, porque vi laburos que hizo, exposiciones, y me gusta así: conceptualmente. Además de lo atractivo de la belleza, me gustan las ideas que tiene Pao; labura mucho con ideas. Dice “voy a trabajar tal concepto” y hace varios trabajos relacionados. ¿Te acordás cuando hizo Juguetes, por ejemplo? Esos muñequitos que hace con papel… (Serie que realizó la artista plástica Knotek para El sinsentido placentero de la charla, presentación de narrativa oral de Laura García Rodríguez, escritora). Donde no juega la perfección de la cosa: juega la idea. A mí me gustan mucho los artistas que laburan, sobre todo las artistas mujeres que laburan con ideas. Porque parece que la mujer fuera una cosa perceptiva… ¡La mujer piensa, querido! Piensa, elabora conceptos; hay toda una creencia de la mujer sobre lo sensorial y lo intuitivo que seguramente es cierto, pero también bajo ese prejuicio hay un montón de mujeres que quedan a la sombra de artistas conceptuales (varones). Y Pao tiene mucho de eso.

-¿Qué es lo que uno tiene para hacer? –se pregunta. No es lo mejor, es lo más fiel a uno. Vos sabés que si escribías este poema de otro modo, queda más prolijo y más efectivo. Pero no querés lo más prolijo, querés que refleje algo que tiene que ver también con poder pararse en la vida en todo así. Bueno, esto es lo que soy, no lo que debería: lo que soy.

-En este libro lo pensé así –dice, y me vuelve a virar el orden del cuestionario- ¿tiene sentido poner cosas tan dolorosas, si yo en el otro libro de poesías (Realidad vs Representación) expresaba felicidad, alegría… tiene sentido en este libro de duelo poner cosas re dolorosas, mostrarle a los demás eso? Sí, el que lo agarra puede leerlo o no, pero tiene sentido porque a veces cuando leés ves a un tipo que está transitando un duelo y te hace sentir muy bien saber que otro está viviendo un proceso parecido al tuyo y te emociona.

Vivi: -¿Y Eliana? ¿Por qué Eliana Navarro en las palabras de contratapa?

Cecilia: -Antes de editar le mandé el libro a amigos y conocidos… Tengo mucha afinidad con Eliana, me gusta mucho como escribe, su posición respecto a la literatura, y además es amiga. Miró el libro de un lugar más cercano a lo que a mí me parecía y no tanto técnicamente; eso también me gustó. Y es muy bello lo que escribió. Me dio su mirada desde el lugar de la poesía.

Ciertamente estas tres mujeres confluyeron en idea, laboriosidad y belleza. Cecilia relata el ejercicio de escritura, reescritura, edición, poner lo escrito en la mirada de otres, leer y volver a corregir, tener una idea y trabajarla para darle la mejor forma que se le pueda dar…

Vivi: -¿Entonces es un trabajo escribir?

Cecilia: -¿Un trabajo? ¿En el sentido de trabajo que te da plata…? Para mí no. Yo no puedo tomarlo como que fuera un trabajo, primero porque no me da plata, me muero de hambre si es por eso. Porque lo tengo ubicado en un lugar de placer personal, no me da trabajo. El trabajo a mí me va dando mucha relación con la calle, con la vida; si yo solo escribiera estaría encerrada todo el día en mi casa, aunque sea un plomazo trabajar: a mí me gusta. Si estuviera todo el día escribiendo no sabría qué es lo que pasa, no tendría de dónde tomar… Tiene muchísima laboriosidad. Si estoy muy enganchada escribiendo algo, me levanto a las seis y media, para tener un rato tranquila, aprovecho que la casa esté en silencio. En cuanto tengo un minuto sola: escribo, corrijo, y nada más; es una necesidad que tengo todo el tiempo, está todo el tiempo en la cabeza.

Vivi:-¿A qué acto humano se parece escribir?

Cecilia:-A soñar… en un sentido ligado a lo inconsciente. Cuando yo escribí por primera vez poesía, estaba haciendo terapia; para mí, hacer análisis, soñar o escribir eran lo mismo. Tenían el mismo lugar, y por eso está bueno –para mí- escribir con un horario, porque cuando lo hacés, te sentás y entrás en contacto con algo que no es lo cotidiano y empezás a escribir cosas rarísimas que están –me parece- conectadas a eso. Es una cosa laboriosa, bastante obsesiva; supongo que es como el que saca foto o el que pinta, el que tiene un jardín… está con mucho tiempo, dedicación y contradicción, porque está esa cosa como esclavitud porque no podés dejar de hacerlo.

Vivi: -¿Dónde estabas vos cuando te encontraste con el hallazgo de vivir como una escritora?

Cecilia: -Empecé a escribir a los seis años. Siempre viví con el deseo de ser escritora. Cuando era chica quería ser escritora y astronauta, escritora y bailarina, pero siempre escritora. Cuando terminé de escribir el segundo libro de poesía, ahí empecé a sentirme escritora. Desde el lado, también, en que fui convocada como escritora, consultada como escritora… Escribir, escribí siempre; siempre fue lo que deseé. La mirada de afuera fue importante, que me empezaran a convocar… Hay un lugar donde yo decidí que cada minuto libre que tuviera lo iba a dedicar a eso y de repente parás y decís bueno: quiero más seriamente esto. Para mí: escritor es el que escribe.

Vivi: -¿Dónde están las palabras antes de que las tomes y hagas la alquimia de tu escritura?

Cecilia: -No sé, escribo más a partir de imágenes de algo que pienso, de algo que veo, o que soñé. A veces son situaciones ligadas a la poesía que es más del aquí y ahora. Y la narrativa más ligada a eso exótico que se me ocurre y me pregunto de dónde sale. Por eso digo que tiene que ver con el inconsciente. Por ejemplo en Invierno, este libro –otra vez me altera el orden de las preguntas- está más pegado a imágenes de mi infancia, a Bariloche, es todo Bariloche este libro, y hay cosas que no son reales sino de la imaginación. Muy tomado del Bariloche del setenta y ochenta. Hay uno que, muy a propósito, es la primera vez que escribo algo que es netamente autobiográfico. Algo espantoso que sucedió en mi vida; la primera vez en mi narrativa algo así tan confesional. Pero me dije bueno, este cuento es así. En poesía no, la poesía es más confesional, es más directa.A mí me resulta mucho más laboriosa la narrativa que la poesía.

Vivi: -¿Por qué escribir en un momento histórico como éste, donde priman la imagen y la tecnología?

Cecilia: -Hay un cuento que se llama Sagrada Familia, y a mí me importa mucho, es re denso. Estamos en una situación en que cada día matan a una piba y es necesario salir y decir algo al respecto; buscar el lugar ahí. Si hay algo que me fue dado en la vida es la posibilidad de escribir; en el resto la tengo que remar mucho más. Un impulso que está más allá de si moralmente está bueno o malo; no quiero pensarlo desde ahí. Yo desde muy chica tenía el deseo de escribir, una tiene esa vocación, esa necesidad. No sé cómo escriben los demás, para mí es una necesidad.

A veces quienes escribimos ejercemos la omnipotencia de establecer de antemano el destino de nuestros personajes, y somos dioses de tinta rubricando como una sentencia vidas ajenas. Hablamos de la organización interna de INVIERNO, y Cecilia reconoce que el orden y la cantidad de cuentos no fue aleatoria; mucho tuvo que ver la mirada de Sebastián Di Silvestro, su editor: la pelea con él fue otro signo donde se identificó como escritora, entonces tuvo que pactar, ceder o defender la postura. Él ubicó estratégicamente –por su fuerza- tres cuentos que encolumnarían la estructura de sostén; ella, ubicaría en esas regiones intersticiales los hilos temáticos. Había decidido incluir amores contrariados; tres tragedias; pero para otros tres marcó: -“Quería compensar y que no se muera nadie”.

Vivi: -¿Qué se puede (hacer) con las palabras?

Cecilia: Sanar. Se puede sanar. Pensando en las palabras escritas, pensando en lo que se puede decir… Lo que más me importa es hacer bien en la vida, y la verdad es que las palabras pueden resolver muchas, muchas cosas. En ese sentido propio, personal, de sanación, y en el otro sentido más amplio: ése que nos preocupa tanto que está puesto en la política social tan dolorosa en la que estamos, también es bueno saber decir de tal modo que pueda conmover. En este momento en que está tan agitado el odio hacia el otro, poder decir algo que conmueva un poquito, desde la palabra y a veces desde el arte. Pensarlo desde ese lugar: qué puede uno brindar sensiblemente para que en vez de pensar “este me quiere robar”, “que vaya a laburar”, ponerse en otro lugar y pensar en el otro. No sé hasta dónde se puede, pero yo quisiera que se pueda, quisiera que sirva. Un lugar de menos odio, de menos violencia.

Con la literatura se puede también sacar la propia violencia. Uno escribe un cuento donde mata, donde roba, o lo que quieras, porque para eso está. No hay que escribir con personajes buenos. Hay un escritor japonés (Kenzaburō Ōe) que tiene un hijo con hidrocefalia, él escribe todo el tiempo en relación a él y a su hijo. En un cuento, el hijo se muere, en otro se sana, se cae al pozo de los osos polares… ¡y lo puede hacer! Y en la vida real es un padre amoroso. En eso también sana… Yo te decía “quería compensar y que nadie se muera”; igual se va a morir la gente, pero adentro vos sentís un alivio. Hace bien para adentro y para afuera también, si uno viene y te dice: mirá, leí tu cuento y lloré. Está bueno que alguien se emocione con lo que hacés.

Sigue renegando –porque reniega- en el asombro de ser reconocida y reconocerse como poetisa, y me adelanta el puesto de la que era la pregunta final.

Vivi: -¿Coincidís si afimo que Cecilia Fresco no puede escaparle a la poesía?

Cecilia: -Yo empecé a escribir queriendo ser cuentista, y la primera vez que me acerqué a un taller –en el ’97-, el de Graciela Cros (poetisa de Bariloche), me dijo: “mirá, hacemos poesía”. Yo le dije: “Graciela, odio la poesía, no puedo tolerar las poesías, a los poetas y todo ese mundo que me parece abominable…” Y me quedé en el taller, y nunca más pude dejar la poesía. Descubrí un mundo, yo que quería escribir aventuras como las de Tom Sawyer…

Me reconocen como poeta, todo el mundo. Hay algo que trae uno que no lo podés mover, te sale…

Vivi: -¿Cuándo supiste que estaba listo “Invierno”?

Cecilia: -Cuando sentí que ya estaba agotado el tema y llegué a una cantidad de páginas que me parecían adecuadas. Tenía ocho cuentos y me impuse escribir unos cuentos más para completar el libro. Pensé que quizá iban a salir “fríos”, pero no: mantuvieron el tono. Y eso me gustó también, porque tomé decisiones y trabajé en eso. Pero en un momento se terminó ese tono y dije: “listo, acá está el libro”. Ahora me dedico a otra cosa, otro concepto.

Y es lógico que no le salgan cuentos fríos, ella es toda calidez, belleza que desnuda el Invierno, tan sólo para darnos el abrigo de palabras que sanan como leños encendidos en una tarde de lluvia y nieve.

Vivi Núñez

Revista “Rescate” N°13, Agosto de 2017

Pueblo Perdido: Los Modos del Relato

En la segunda edición del encuentro “LEE” (Lectores, Escritores y Editores) que tuvo lugar en Villa La Angostura, la última semana de junio, se presentaron siete libros de autores y editoriales regionales. Uno de ellos fue “Pueblo perdido”, de Sebastian Fonseca, quien con esta novela obtuvo el Primer Premio del último certamen de Narrativa de la Editora Municipal Bariloche.

Para aproximarnos a la lectura y a la interpretación de esta obra, intentaremos trabajar y deconstruír los conceptos de novela, cuento y relato.

Una cuestión de género

Cuando Henry James publicó, en 1882, la novela epistolar “El punto de vista”, estaba inaugurando una nueva mirada, un nuevo espacio de construcción de la narración. Un sistema inédito de relación entre autor y lector. La novela, el cuento (y aún el poema) del viejo narrador decimonónico (omnisciente, todopoderoso) agonizaban. Otro narrador nacía: un narrador que exponía su propia versión de los hechos, su interpretación personal. William Faulkner, Virginia Woolf, el mismo Henry James, son los nombres propios que ilustraron esta tendencia.

Parejamente, se imponía otro concepto, muy en boga en estos últimos tiempos: el del relato. El relato como sistema de narración que construye una historia desde un punto de vista particular, con sus tiempos y espacios personales. El relato distanciado de la novela en términos de extensión; y del cuento, ya que no está atado a la antigua consigna de principio-nudo-desenlace.

Rara avis de esta perspectiva narrativa es “Pueblo Perdido”, de Sebastián Fonseca. Primero porque no consta de un relato, sino de tres. Y segundo, porque el conjunto de esos tres relatos conforman, perfectamente, una novela. El todo es más que la suma de las partes.

Todos los relatos el relato

Desde lo que podríamos llamar una primera lectura, una lectura expositivo-explicativa, “Pueblo Perdido” consta de tres relatos largos: “El asistente”, “El pescador” y “El machi”.

Los tres relatos tienen distintos narradores y están presentados en la primera persona del singular. Asimismo, los tres textos arrancan en tiempo presente del modo indicativo. Ahora, una segunda lectura de estos datos, aparentemente anodinos. ¿Qué significa todo esto? Estas características son las que definen desde dónde estamos leyendo el texto: que la novela esté escrita en primera persona singular y en presente de modo indicativo, significa que lo que está pasando, me está pasando a mí, acá, y ahora.

Los tres relatos están relacionados, entrelazados sustancialmente por razones que comprenderá casi instantáneamente el eventual lector. Sin embargo, cada uno de estos tres narradores es profundamente personal. Son personajes distintos, tienen distintas edades, distintas motivaciones, almas distintas. Ello implica que (muy acertadamente por parte del autor) los personajes hablen distinto, esencialmente distinto. Digamos, para utilizar un par de términos más o menos técnicos, que la construcción sintáctico-semántica y la elección lexical de sus respectivos discursos es absolutamente personal, inimitable. No podemos sacar un párrafo de uno de los relatos y traspasarlo a cualquiera de los otros son dos sin que los lectores (nosotros) nos demos cuenta al instante.

En su ensayo “Los modos del cuento”, Vicente Battista hace un relevamiento histórico de los primeros cuentos y de los exponentes más conspicuos del género. Allí cita (entre otros autores) a Phillip K. Dick, quien señaló que si un cuento corto puede tratar de un crimen, la novela trata del criminal. Mientras en un cuento se conoce a los protagonistas por sus actos, en una novela sucede al revés: se describe a los personajes y después hacen algo muy personal, derivado de su naturaleza individual. Podríamos arriesgarnos a definir, desde este foro, que un relato no trata de personajes ni de hechos sino de una versión de los acontecimientos. En ello reside su fuerza, su esencia: en lo asombroso o lo verosímil de esa versión única y particular de los acontecimientos. Parafraseando a Frederich Nietszche: “No existen fenómenos morales, sino interpretaciones morales de los fenómenos”.

El asistente

El primer narrador es tajante, sus descripciones eluden toda metáfora. Por ejemplo:

-“tenía la mandíbula deforme, algo desplazada hacia un lado, como si estuviera soplándose el flequillo”;

Otra, superior:

-“(Ella) es bajita, dientuda y fea”.

Este narrador, prosaico, preciso, nos cuenta y describe lo imprescindible. El nombre que viene inmediatamente a la memoria y a los labios es el de Ernest Hemingway. Recordemos que Hemingway predicaba que un escritor debía enseñar sólo “la punta del iceberg”, y ocultar y/o sugerir el resto, que debía quedar bajo la superficie del relato.

Otra detalle, de orden polisémico: la doble lectura, la doble acepción del título, ya que “asistente” funciona tanto para avisar que el personaje es asistente, ayudante, colaborador, y lo mismo sirve para dejar nota de que “asiste” a los acontecimientos, como si no formara parte de su curso.

El pescador

El segundo narrador tiene otra relación con el mundo “metafórico”, digámoslo así. De hecho, el título original planteado por Fonseca para este segundo relato era “El mundo arrebatado”, el cual aludía directamente a este universo.

Ese personaje se autodefine así: “Entre dos mundos estoy, el anterior que ya no puedo aceptar y el nuevo que no alcanzo a comprender, entre el bosque nativo y el impactado, al igual que esta playa de arena gris”.

El escritor y antropólogo Carlos Castaneda escribió que el mundo está formado por dos fuerzas (digamos): El Tonal y Nagual. El Tonal es todo lo que vemos y tocamos, todo lo que podemos percibir a través de los sentidos, todo aquello que podemos explicar. El Nagual es todo aquello que está más allá de lo material, es eso invisible que secretamente sostiene el mundo, es lo inexplicable.

Este segundo narrador vive, como él bien lo dice, a mitad de camino entre estos dos mundos. En un momento, nos habla de las “presencias” que habitan las aguas del lago, y por qué no podemos ver estos espíritus. Agrega que “sólo podemos ver a estos espíritus cuando comprendemos por qué razón no podíamos verlos”.

La alusión a otro mundo, a lo invisible, pero no su descripción, son una constante en este segundo relato. Cuando el personaje habla de una perca gigante que va a pescar, nos dice: “Es muy importante que los testigos de mi relato sólo vean la cabeza de la perca. La imaginación y el boca en boca harán el resto, tanto con el peso como con el tamaño. Supongo que así será como se arma una leyenda.”

Volvemos a la teoría de la punta del iceberg de Hemingway. Es decir, el relato se construye con lo dicho, lo expuesto y también (sobre todo) con lo no dicho, lo oculto.

El machi

Por último, el narrador del tercer relato, “El machi”, ya está totalmente inmerso, relacionado con ese mundo invisible, con el Nagual. Está cada vez más lejos del otro mundo, sin embargo. Él mismo nos dice: “En el mundo del invasor, un machi ya no puede dedicarse a su magia, ni tampoco a hablar con los seres y espíritus del bosque.”

Y en la comparación entre esos dos mundos, no duda: “Antes muerto que cambiar mi magia por toda esa nada”.

Pero ahora está solo, lejos de los hombres: “El espíritu del invasor se ha llevado a la descendencia de este machi al que sólo le quedan la magia y el bosque.”

En la realidad actual de este personaje viven, conviven, dialogan el Copihue, con Elmapun, con el Gualicho, el Trauco, la Fiura, pero no hay, apenas, hombres.

Pueblo perdido

Para concluir, podríamos decir que la novela está escrita cronológicamente al revés, o hacia atrás,iniciando desde una visión urbana, “ciudadana”, totalmente inmersa en el Tonal, que desconoce “una realidad aparte”; pasando por la visión intermedia, la del que tiene aún un pie en ambos mundos; hasta la del que todavía profesa esa visión original, esa relación directa (y no mediada, “o destrozada”, diría el filósofo Immanuel Kant) con el mundo.

Y tal vez a eso apunte Sebastián Fonseca desde ese título de “Pueblo perdido”. Porque si este pueblo del relato comenzó viviendo en estrecha relación con sus saberes originarios; para luego quedar con un pie en cada realidad, digamos; para terminar totalmente olvidado de esa visión, sin participar del verdadero mundo, digamos, sino sólo como “asistente”; entonces podríamos concluir que ese pueblo, el del relato, está efectivamente, definitivamente “perdido”.

Diego Rodríguez Reis

Revista “Rescate” N°13, Agosto 2017

Brazo Largo: Una Crítica en Contrapunto

Brazo Largo, Melina Pariente (La Vida en el Bosque Ediciones, 2016).

Diego. Ya conocíamos la novela de Melina: en las reuniones de “Alamberse!” (nuestro grupo literario de los lunes) ella nos había leído varios fragmentos a lo largo del año. Más aún: ya había compartido con nosotros la versión preliminar de la novela. Pero ahora llega a nuestras manos el libro de carne y hueso. Lo primero que me llama la atención es que la editorial (“La Vida en el Bosque Ediciones”) es de nuestra propia ciudad: es un libro Made in Villa La Angostura.

La tapa es llamativa, colorida, casi espeluznante. El libro: de bolsillo, ágil, para la cartera de la dama y el bolso del caballero. Lo hojeo/ojeo: son 88 páginas bien nutridas. Se ve bien, aún a primera vista, que “la prosa fluye”, como dice el poeta y amigo Sebastián Di Silvestro.

Resisto la primera intención, que es encarar la novela y leerla (disfrutarla) de un solo tirón y recuerdo un viejo proyecto que tengo con mi compañera Ceci Fresco: el de escribir una crítica/ reseña/ impresiones de lectura a dúo, en contrapunto. Pienso que la novela de Melina es una oportunidad inmejorable, ideal, para llevar a cabo esa empresa.

Garabateo estos párrafos y se los mando urgentemente a Ceci.

Ceci. Recibo la pelota y pienso, igual que Diego, que de a poco fuimos entrando en el universo de Brazo Largo, fue lo primero que escuchamos de la autora en su contacto con el grupo Alamberse! Lo que llama mucho la atención, en este libro y en la literatura de Meli en general, es su capacidad de narrar con registros muy diferentes, de materializar mundos a fuerza de detalle y buena prosa.

En Brazo Largo podemos ver y escuchar a sus protagonistas, Juanca y Naty tienen cara y cuerpo, gestualidad, voz. También se materializa el lugar, la cabina del camión de Juanca, el abandonado camping donde vive y trabaja Nati se nos hacen familiares los paisajes, tan opresivos para el lector como para el mismo personaje.

Hasta acá mis impresiones sobre la literatura de Meli, impresiones sensoriales antes que sintácticas. Me quedo pensando cómo seguir esta reseña sin caer en la tentación de contar el argumento y le devuelvo la pelota a Diego para que siga describiendo este libro enteramente angosturense.

Diego.Leo las primeras 11 páginas de la novela (la octava parte, digamos) y me detengo. Quiero atrapar, anotar estas primeras impresiones: hacer una crítica en tiempo real de lectura, si es que es posible. Lo primero, hay dos historias desarrollándose, alternativamente: la de Juanca, el camionero; y la de Naty, en un camping/ parque zoológico.

Pienso esto también: los dos nombres están cortados, apocopados, sesgados. Ya desde el principio, desde los nombres, Melina (Meli) nos muestra fragmentos de la historia, de los personajes, recortes, pasajes. Eso, sumado a que las historias se interrumpen constantemente, me recuerdo aquello que Barthes decía de Flaubert: que tenía la rara capacidad de agujerear, de perforar el texto.

Recuerdo, inmediatamente, Las palmeras salvajes de William Faulkner. Recuerdo la novela Las huellas, de mi co-crítica Cecilia. Pienso que un diálogo cualquiera, literatura o no, es un texto perforado, agujereado: son dos discursos superponiéndose, contaminándose, enriqueciéndose.

Descubro, asombrado, que esta crítica en colaboración también pertenece a esta rara especie. Sigo leyendo.

Ceci. En este caso, el de dos textos que dialogan y se modifican mutuamente sin que los personajes lleguen a cruzar sus historias, el punto de unión entre ellos es ni más ni menos que un puente, el mismo que ilustra la tapa. Y por ahí va la cosa, por la tensión constante de lo que puede ser tanto unido como separado por un puente, de lo que depende de su fragilidad o firmeza. Por esa larga e insegura extensión que une/separa, esa que necesariamente se transita en el aire, transcurre la vida de Naty y de Juanca, con urgencia o indolencia, con dolor interno o concreto, físico. Una de las imágenes del comienzo impacta y ancla de algún modo el resto de la lectura de Brazo largo, es la de un león triste y desnutrido encerrado en una jaula con mínima seguridad, donde se intuye que estamos a salvo del peligro de sus garras más que por el alambrado, por la indolencia y el cansancio de un animal sin espacio ni horizonte.

Diego.Avanzo en la lectura, hasta la página 77. Me detengo justo antes de que empiece la última parte del libro, la quinta, llamada “El otro lado”. Las cuatro partes previas son “Las rutas”, “Los viajes”, “El crepúsculo” y “La luz”. Todos estos títulos son aparentemente expositivo-explicativos. Pero hay algo más que eso en Brazo largo. El tono general del texto mezcla lo informativo con lo coloquial (y a veces hasta bordea lo poético), pero las fronteras entre estos discursos están derrumbadas, son invisibles.

Recuerdo a medias una frase de Juan Carlos Onetti, sobre la función de la verdad en la literatura. No la recuerdo completa, la googleo. No es exactamente como la recordaba, es ésta, de la fantástica novela El pozo: «Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene.» Pienso que eso es lo atractivo de Brazo largo. No dice toda la verdad, la repugnante verdad. Nos muestra retazos, fragmentos de la realidad, pero también retazos del alma de los hechos y de los protagonistas.

Todo lo que sucede, sucede en un furioso tiempo presente: no hay (casi) recuerdos ni esperanzas. Y si surgen, se difuminan de inmediato, desaparecen sin dejar rastro. ¿Sin dejar rastro? La “verdad” es que no estoy tan seguro de esto último.

Tal vez sean los peligros de arriesgar lecturas con demasiada prontitud. Tal vez hay textos que necesitan, exigen más de una lectura.

Ceci. Y es ahí, en la segunda lectura donde se profundiza el sentido de cada historia. La imposibilidad, la impotencia de dos personajes a merced de cosas que no pueden controlar. El propio cuerpo como enemigo. Para el camionero, Juanca, su enfermedad que no da tregua y para Naty y su cuerpo adolescente que se rebela tanto que hasta su pelo se torna inmanejable y sinónimo de su propia angustiante situación.

Puestas a rodar las dos historias, recorren en la narración el exacto camino que tienen que recorrer hacia el final que se precipita.

Diego. Termino de leer. Mientras me quedan resonando en la memoria las últimas oraciones de la novela, arriesgo mis últimas impresiones.

Brazo largo es una novela: completa, cabal, impecable. Es un texto coherente, que respeta sus propias reglas: dice lo que tiene que decir y calla lo que tiene que callar. Camina por un sendero difícil y tortuoso (el del realismo, el de la aparente realidad) pero nunca tropieza. Y esto ya es mucho decir.

Hay destreza verbal en Brazo largo, hay belleza retórica oculta, delicada. No hay casi (curiosamente, significativamente) metáforas. Pero sí hay “lo metafórico”. El planteo, la sugerencia de que existe otra lectura posible del texto meramente literal. Hay dos personajes, uno quieto, preso (Naty en el camping Los Zorzales) y otro siempre moviéndose (Juanca en su Scania) pero ninguno de los dos avanza en realidad: los dos están atrapados.

Me quedo con estas dos frases, resonantes, felices (que permiten y hasta obligan) a una lectura metafórica:

-”Los alambrados que con la velocidad desaparecen, se hacen invisibles.”

-”Las distancias se pierden sobre el Paraná.”

Esto, el final: la conjura de los elementos elementales. Espacio y tiempo, distancia y velocidad, todos desapareciendo, declarando su verdadera inexistencia. Dejando al descuido, a su suerte, lo que sobrevive a su ataque. El testimonio: los cuerpos, las almas, las palabras.

Cecilia Fresco / Diego Rodríguez Reis

Revista “Rescate” N°13, Agosto 2017

Poetas de la Patagonia: Noemí Cuenya

Cada vez que voy a escribir sobre algún poeta para la revista Rescate, pienso en que sea alguien de por acá y, sobre todo, en la calidad literaria de sus textos. Pero la mayor parte de las veces, a esa calidad literaria se le suma la admiración y el cariño por el/la poeta reseñada.

En este caso traigo algunos poemas de muestra de una vecina de la Villa, amiga y compañera del grupo literario Alamberse! que todavía no publicó su primer libro, aunque estoy convencida de que su obra ya hace rato lo merece.

Noemí Cuenya nació en La Plata, vivió en muchas ciudades y tuvo muchos y diversos trabajos y oficios. Dueña de una gran cultura, lo que más me asombra es su mirada original, veloz y lúcida sobre cualquier tema. Con Noemí podés hablar horas de literatura y poesía, pero también de ciudades, parientes, hijos, dibujitos animados, pintura, huerta.

Sus poemas son de una lírica pulida, de esos que van al hueso con sencillez, cada palabra se siente medida y pesada, y cada línea despojada de cualquier detalle que sobre. Lo que, para mí, más brilla en su poesía, es la mirada original y reflexiva sobre las cosas que aborda. Su sintaxis y su temática (y tal vez su propia vida) tienen un aire a la gran poeta norteamericana Emily Dickinson, su modo ingenuo y sabio de interpelar al mundo natural y al humano y la presencia de Dios, bondadoso, sereno, en las palabras y en los espacios en blanco.

Una característica de sus textos también, es que están escritos y presentados a mano y esa letra prolija y ese modo de ocupar el espacio en el papel son en sí mismos un modo de hacer y de acompañar a la poesía.

Leer a Noemí es desfilar por paisajes nítidos, uno se queda “viendo” eso que leyó, se queda percibiendo colores y lugares extraños, lunas, luces, fragancias. Muchos de sus textos nombran al dolor o a lo inexplicable, sin embargo, en ningún momento su lectura es penosa u oscura, como si la curiosidad, la pregunta misma a la vida fuera más fuerte que cualquier sufrimiento. Un ejemplo de esto es este poema, uno de los más bellos que leí en mi vida:

“Me iré de mi cuerpo un día:

oruga, perfume, mariposa.

He de moverme sin saber,

de cosa en rosa.”

Entrar en sus poemas es ingresar a un mundo simple, original y luminoso.

Actos

No ir es una acción.

No estar es un vacío.

Saltar desde el vacío,

un acto de fe.

Ser es estar donde se está.

***

Tal vez la risa

espante al barro.

****

Olas y mareas de color óxido

bordes salinos, blancos sucios.

Gris y negro, el contraste.

Rayas y trapecios.

Me parece bello.

***

Yo la veo. Sí,

la veo andar quedamente

sobre pasillos alfombrados,

recorrer su castillo de papel;

abrir serena las puertas sin llave,

cuidar el espacio vacío con fervor.

***

¡Los gestos que hacemos!

para creer que somos

¡para creer que tenemos!

***

Plenilunio con halo,

con nube, con estrella.

Compónese la escencia que la llena.

Textura leve

el azul-verde de su velo.

Cecilia Fresco

Revista “Rescate” N°12, Junio 2016

La Lengua y la Literatura: Microrrelatos

PIEL DE PAPEL

Otra chancleta”, con ese santo y seña entró a la vida. Había nacido mal. A destiempo; tercera en el orden de sus hermanos, segunda en el orden de los hermanos que sobrevivían al nacimiento. Debía suplir al hermano mayor, muerto a la semana de nacer. Para mujer, ya estaba su hermana segunda, que había pasado a ser la mayor… Mala suerte, otra chancleta.

Además de chancleta, y en visible oposición a su agraciada hermana, era chiquita, chillona, caprichosa y negrita… Así creció, como un berrinche de la vida. Se iba a llamar Trinidad de Los Ángeles, pero el Registro Civil no soportaba nombres extranjeros, así que el padre presuroso –y acertado en el apuro- la bautizó como noble y pura, sin objeciones legales.

Contrariada de antemano, comenzó a abrirse camino a puro grito y puteada. Hizo bien. Chiquita, negra, pobre y no-varón en un mundo machista, es difícil buscar el amor. Las etiquetas de su nacimiento eran sellos de origen en las hojas de su piel.

La hermana –mujer al fin- conocedora de sus íntimas ternuras, la llamó Trini. Y en el hálito del nuevo conjuro empezaron a romper sellos.

LA VIDA

La vida es así de extraña, un día te levantás y resulta que tenés un tumor en la cabeza. Ya estaba ahí y no lo sabías.

Te dicen que es un tumor benigno y diáfanamente se te devela como una contradicción. ¿Cuánto puede haber de benigno en un tumor?

Es extraño como se nominan los hechos. Desde “es benigno, no es nada, apenas una monedita…” hasta “un meningioma benigno, tumor…” hay apenas mililitros de saliva.

Siendo las únicas criaturas en la Tierra capaces del habla, después de cuarenta mil años de experiencia, aún no sabemos usar las palabras. Yo, por ejemplo, apenas pude hablarlo con mi compañero. Y como resguardo (cuestiones de memoria en el arcón familiar, supongo), con mi hermana. Pero a mis hijos… No encuentro las palabras. ¿Cómo les digo, mirándolos a los ojos, “tengo un tumor en la cabeza”?

HOY

Si me detengo a desayunar, la mañana se diluye y pensamientos e intenciones se enredan con los minutos. Riesgosamente se ponen a tejer mantas de horas.

Las mantas de horas son una trama seductora. Cálidas y necesarias para los aguaceros del desamparo; peligrosas para las piernas que deben salir a los caminos del mundo. Y sostener todo un cuerpo, donde la mente debe estar clara, despejada. Sin pensamientos dispuestos a tejer mantas de horas.

QUE LO GRITEN LAS PAREDES

Romina deshizo el hechizo.

Pobre, negrita, jujeña…

Golpeada, abusada, maltratada, violada.

Pagó caro su descaro:

querer poner: en su lugar al Poder.

Belén abortó, fue natural…

Fue presa igual.

Milagro no robó para la corona.

¿Robó para ella sola?

Los ladrones le robaron su depredación.

Reparten ahora el botín, a discreción.

Coni se sentó y peló teta.

Con amenazas, la Ley la sacó de la plaza.

El poder ordena y violenta a la madre

y al niño en sus brazos.

Si la leche es buena, es bueno el #TETAZO.

La plaza y los cuerpos: lugares de encuentro.

Vivi Núñez

Revista “Rescate” N°12, Junio 2016

Breve Historia de la Literatura Angosturense

(Actualización: Abril 2020)

Debo a la memoria y a la cortesía de Ana Terpín, en una conversación allá por el año 2010, el dato (preciso, precioso) de que la primera aparición de Villa La Angostura en un texto de ficción, en la riquísima historia de la literatura argentina, fue en el libro El Rey: Aventuras de un Cóndor Neuquino, de la escritora rosarina, especializada en literatura infantil y juvenil, Julia Morilla de Campbell. La novela fue publicada en 1978 por la Editorial Plus Ultra de Buenos Aires. Morilla de Campbell, quien en los años noventa se mudaría a la ciudad de Neuquén, introdujo el género de aventura en sus libros. Y eligió como escenario, significativamente, a la ciudad de Villa La Angostura.

Ese primer dato indicador fue el origen y el puntapié inicial de esta “Breve historia de la literatura angosturense”. El paso siguiente, lógico, inevitable casi, fue querer saber, investigar, recopilar todos aquellos libros que vieron la luz en Villa La Angostura, los que ya forman parte de su historia. Para ello, a priori, he tenido que delimitar un campo de estudio, un recorte espacial y temporal. Por lo pronto, me he limitado a contabilizar solamente aquéllos libros que fueron publicados o presentados por vecinos de la Villa: es decir que, al momento de publicarse el libro, vivieran sus autores en Villa La Angostura. He intentado respetar esa regla, salvo leves excepciones, como por ejemplo, en aquellos casos de autores que han publicado libros en otras provincias, pero han vivido toda su vida aquí y/o están totalmente identificados con nuestra ciudad.

El corpus resultante es de una variedad y de una riqueza insospechada, teniendo en cuenta la corta edad de nuestra ciudad (en comparación con otras ciudades argentinas y patagónicas). La historia, la novela, los cuentos, la poesía, la entrevista, la crónica, la biografía, ningún género falta en este conjunto: todos y cada uno se dan cita en la literatura angosturense.

He consignado, además, otros trabajos: las publicaciones más o menos periódicas de carácter cultural, y las antologías (provinciales, regionales y nacionales) que hayan contado entre sus páginas con autores angosturenses, considerando que forman parte irreductible (por su valor intrínseco, por su representatividad ciudadana) de esta historia.

Como todo catálogo, este conjunto puede contener errores, ausencias, imperfecciones. Es mi deseo que esta historia se siga escribiendo, que la sigamos escribiendo entre todos. Desde el vamos, cuento con la colaboración de cada vecino angosturense que posea el recuerdo, el dato de algún libro o material que crea que no debe faltar en este compendio, y espero con previa gratitud ese aporte. La historia está en movimiento, siempre, está haciéndose todo el tiempo, vamos construyéndola paso a paso.

Tal y como también se interpela (aunque a nivel provincial) la licenciada Alelí Gotlip en su investigación Neuquén: los comienzos de una literatura (1904-1930), “la pregunta pertinente es si estos textos señalan la configuración de un campo literario”. Hablando puntualmente de los textos de Villa La Angostura, no me aventuraré a afirmar o negar dicha posibilidad. Por lo pronto, estoy convencido de que son testimonio de un acervo cultural riquísimo, que si esta polifonía de voces no configuran un campo literario, al menos prefiguran un terreno sobre el cual es posible intentar elaborar un diagnóstico, una lectura informal.

De los sesenta y tantos libros de la treintena de autores que conforman esta Biblioteca Básica Angosturense (llamémosla así), más de la mitad son textos de historia, investigación y recopilaciones de testimonios de los primeros habitantes de nuestro territorio. La novela, el cuento y la poesía aún son minoría en este catálogo en ciernes. En este campo (como en otros) todavía tenemos todo el camino por delante.

Este humilde aporte es un intento de construcción y de formación de la memoria de nuestro pueblo. Quisiera agradecer la valiosísima colaboración de Graciela Arakelian, Natalia Belenguer, Gerardo Ghioldi y Conrad Meier en la revisión del catálogo final. Puedo decir, parafraseando a Borges, que al compilar este maravilloso material, en la búsqueda y el hallazgo de cada mínimo dato, “he conocido un placer casi filatélico”.

Libros

1. El Tejido Mapuche, Arlette Neyens. Centro de Investigaciones Científicas de Río Negro, 1973.

2. Luz que Cierra, Dora Fornaciari. Editorial Plus Ultra, 1986.

3. Pioneros del Nahuel Huapi. Pequeña Historia de Villa La Angostura y del Camino de Bariloche al Puyehue, Roberto Marimón. Prólogo de Conrado G. Meier. Edición de Autor, 1992.

4. Pioneros de los Lagos Andinos. Tomo 1, Arlette Neyens. Edición de Autor, Abril 1998. Declarado de Interés Cultural por el Gobierno de la Provincia del Neuquén.

5. Avión Correo. Novela. Yayo de Mendieta, 2001.

6. Pioneros de los Lagos Andinos. Tomo 2, Arlette Neyens. Edición de Autor, Abril 2002. Declarado de Interés Cultural por el Gobierno de la Provincia del Neuquén.

7. Una Aldea de Montaña. Villa La Angostura y su Historia en la Patagonia, Yayo de Mendieta. Edición de Autor, 2002.

8. Cartas y Notas al Pedo, Gunardo Pedersen. Edición de Autor, Mussini Industria Gráfica, 2003.

9.Apuntes del Correntoso. El Hotel Correntoso y su historia, Yayo de Mendieta. Edición de Autor, Imprenta Bavaria, 2003.

10. Un Suizo en la Patagonia. El Diario de Leonard Ardüser, Jorge Ardüser. Prólogo de Arlette Neyens. Imprenta Bavaria, 2004.

11. De Cómo Ser Arquitecta y no Morir en el Intento, María Viegas. Ediciones Argentina Escribe, 2004.

12. Coti Carmoney. Colección “Pobladores Nahuel Huapi”. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”, 2005.

13. La Misión Nahuelhuapi. 1670-1717, Yayo de Mendieta. Autores Editores, Imprenta Bavaria, 2005.

14. Adolfo Quintriqueo. Colección “Pobladores Nahuel Huapi”. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”, 2005.

15. José. Donde Siempre Brilla el Sol, Gunardo Pedersen. Edición de Autor, Junio 2006.

16. Dos Suizos en el Nahuel Huapi, Jorge Ardüser. Prólogo de Arlette Neyens. Imprenta Bavaria, 2006.

17. José Elgueta y Elsa Cárdenas. Colección “Pobladores Nahuel Huapi”. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”, 2006.

18. Los Quintupuray del Correntoso. Colección “Pobladores Nahuel Huapi”. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”, 2006.

19. El Mundo, Relatos de Viajes, Jorge Eduardo Molinero/ María Isabel Plachner de Molinero. Ediciones Dunken, 2006.

20. Pioneros de los Lagos Andinos. Tomo 3, Arlette Neyens. Declarado de Interés Cultural por el Gobierno de la Provincia del Neuquén.Presentado el 17/02/2007 en la Asociación de Mujeres Profesionales de Villa La Angostura.

21. Los Chavol del Colorado. Colección “Pobladores Nahuel Huapi”. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”, 2007.

22. Breve Historia de Italia, Giovanni Jannuzzi. Letemendia Casa Editora, 2007.

23. Desafinan los Huesos, Natalia Ileana Belenguer. Cuentos. El Baqueano Ediciones, 2007.

24. Relatos Patagónicos: Historias Familiares en la Construcción del Espacio Social de Villa Traful, Sebastian Valverde/ Analía García/ Lara Bersten. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular“Osvaldo Bayer”. Coeditado con la UBA. Trabajo de campo. Entrevistas. 2008.

25. Alicia Livio. Colección “Pobladores Nahuel Huapi”. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”, 2008.

26. Patagonia Petrolera, el Desierto Permanente, Marc Gavaldá/ Hernán Scandizzo. Ed. Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Avkin Pivke Mapu. Alerta Angotura. Huemul Producciones. Observatorio Petrolero Sur. Colectivo Pueblos Originarios/ Argentina Indymedia. 2008.

27. El Charco Eterno, Diego Rodríguez Reis. Cuentos. El Camarote Ediciones, 2009. Presentado el 16/09/2010 en el Centro de Convenciones.

28. El Territorio en Perspectiva. Política Pública y Memoria Social en Villa Traful, Analía García/ Lara Bersten. Entrevistas de campo. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Presentado el 16/12/2009.

29.Historias de las Familias Mapuche Lof Paichil Antriao y Lof Quintriqueo. Mapuche de la Margen Norte del Lago Nahuel Huapi. Comp. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Coeditado con la UBA. Equipo de trabajo UBA, UNRN y UNCO). 2009. Presentado el 03/03/2010.

30. Relatos Patagónicos. Historias Familiares de los Pobladores del Valle del Manso. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Coeditado con la UBA, 2010.

31. Recuerdos de un Pionero del Turismo, Jorge Ardüser. Ediciones Caleuche/ Guías Regionales Argentinas, 15/10/2010.

32. Cuentos que no son Cuento. Historias de Villa La Angostura, Conrado Meier. Presentado el 02/12/2010 en el Centro de Congresos y Convenciones. Declarado de Interés Legislativo Cultural por la Legislatura de Neuquén.

33. Asuntos Corrientes, Sánchez, Mariano Villegas. Novela. Fondo Editorial Neuquino, 2009. Presentado el 14/02/2011 en el Centro de Convenciones.

34. Arriaz, Claudio Lemeillet. Poemas. Editorial Vinciguerra, 2010. Presentado el 17/02/2011 en el Centro de Convenciones.

35. Las Huellas, Cecilia Fresco. Novela. El Camarote Ediciones, 2010. Presentado el 23/02/2011 en el Centro de Convenciones.

36. Historias en Tiempos de Cenizas. Equipo de Abordaje Psicosocial (EAPS). Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones, 2011.

37. Bosque Negro, Emiliano Bülow. Creatividad Compartida Ediciones, 2011.

38. Con mi Voz y mis Manos tus Ángeles Hablan, Sandy Senes. Ediciones Continente, 2011. Presentado en Hostería La Posada, el 26/01/2012.

39. La Escala Sagrada, Sebastián Cazeneuve. Novela. Editorial Dunken, 2011/ Geiser Libros, 2015. Presentada el 05/05/2012 en Casa de la Cultura.

40. Los Chicos de Angostura, Laura Méndez/ Víctor Díaz. Ilust. Paola Knotek. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Presentado el 22/10/2012.

41. Adrián Melo. Colección “Pobladores Nahuel Huapi”. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”, 2013.

42. Lo Levemente Ajeno, Diego Rodríguez Reis. Poemas. El Suri Porfiado Ediciones, 2013. Presentado el 17/10/2013 en Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”.

43. Volver al Territorio. Memorias Mapuches en el Parque Nacional Nahuel Huapi: Lof Maliqueo, Lof Tacul, Lof Huenchupan, Sebastián Valverde/ Florencia Trentini/ Alejandra Pérez/ Gerardo Ghioldi. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Coeditado con la UBA. 2013.

44. Huellas y Senderos. Mapeo territorial del Lof Paichil Antriao. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Trabajo en conjunto con Universidad Nacional del Comahue/ Confederacion mapuche Neuquina/ Lof Paichil Antriao. 2014.

45. Pequeñas Historias de la Vida Hotelera, Jorge Ardüser. 03/08/2014.

46. Puesías y Otras Yerbas, Matías Vivot. Poemas. Editorial Dunken, 2009. Presentado el 06/10/2014 en Centro de Convenciones.

47. Realidad vs Representación, Cecilia Fresco. Poemas. Ediciones Del Dock, 2014. Presentado el 24/10/2014 en Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”.

48. 4 de Junio. La Gran Erupción, Ariel Domínguez. Editorial Dunken, 2015. Presentado el 29/04/2015 en el Centro de Congresos y Convenciones Arrayanes de Villa La Angostura. Declarado de Interés Municipal por el Concejo Deliberante de Villa La Angostura.

49. Vida y Obra de Dora Fornaciari, Arlette Neyens. Ediciones Rey Balduino, 2015. Presentado el 18/09/2015 en el Salón de Mujeres Profesionales.

50. Correspondencias Secretas, Diego Rodríguez Reis. Cuentos. Ediciones del Dock, 2015. Presentado el 03/10/2015 en Casa de la Cultura.

51. Sigan Ideas, Gunardo Pedersen. Notas, Anécdotas, Columnas de Opinión, Cartas de Lectores. Editorial Dunken, 2015. Presentado el 03/10/2015 en Cervecería «Epulafquen».

52. Paisajes, Laura García Rodríguez. Poemas. Edición de Autor, 2015. Presentado el 10/12/2015 en Casa de la Cultura.

53. Territorios, Natalia Belenguer. Poemas. Ediciones De la Grieta, 2016.

54. Brazo Largo, Melina Pariente. Novela. La Vida en el Bosque Ediciones, 2016. Presentado el 16 de Diciembre de 2016.

55. Villa La Angostura. De la Naturaleza al Cemento. Testigo, Héctor Jose. Escritos, Artículos. Editorial Autores de Argentina, 2017. Presentado el 02/05/2017 en La Rural en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

56. ¿Dónde Estaré, entre Tanto Papel y Dinosaurios que Vuelan?, Noemí Cuenya. Poemas. La Vida en el Bosque Ediciones, 2017. Presentado el 24/06/2017 en Casa de la Cultura.

57. Invierno, Cecilia Fresco. Cuentos. Ediciones Patagonia Escrita, 2017. Presentado el 18/08/2017 en Biblioteca Popular «Osvaldo Bayer».

58. Luminosidad de Caracol, Malena Pandra / Laura García Rodríguez. Poemas. Edición de Autoras. 2017.

59. Don Evaristo Lagos de la Medialuna. Historias de Vida de Villa Traful. Archivos del Sur. Subcomisión de Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”. Presentado el 18/10/2018 en el Centro de Congresos y Convenciones Arrayanes de Villa La Angostura. Presentado el 7/03/2019 en el SUM de Villa Traful.

60. La Anchura y la Llanura, Diego Rodríguez Reis. Poemas. Ediciones Patagonia Escrita, San Carlos de Bariloche, 2018. Presentado el 15/12/2018 en Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer”.

61. Taller de Tango, Viviana Núñez Cabral. Poemas y Cuentos. Ediciones De La Grieta, San Martín de los Andes, 2019. Presentado el 25/05/2019 en Casa de la Cultura de Villa La Angostura.

62. Ruido Blanco, Facundo Bocanegra / Diego Rodríguez Reis. Novela. Ediciones De La Grieta, San Martín de los Andes, 2019. Presentada el 13/07/2019 en el Espacio Cultural “Manuel Belgrano” de Villa la Angostura.

63. Los Días del Vinagre, Viviana Núñez Cabral. Poemas. Prólogo: Edith Galarza. Edición: Cecilia Fresco. Fotografía: Carolina Rojas. Diseño: Melina Pariente. Edición Digital, Free E-Books, Octubre 2019.

64. La Vida en el Suelo, Natalia Belenguer / Cecilia Fresco. Poemas. Ilustraciones de Cecilia Gaviola. Edición Espacio Hudson. Serie Poetas de Neuquén. Legislatura Provincia del Neuquén. Neuquén, 2019.

65. Entropía, Emiliano Bülow / Fabián Bevilacua. Novela. Ed. Proletrario. Buenos Aires, 2019.

Otras Publicaciones

1. Periódico Paralelo 41. Publicación del CPEM Nº17 (1978-1983).

2. Periódico Angostura: 13 números (1998). Periódico independiente de Villa la Angostura y el suroeste neuquino. Director – Editor: Alfredo Falabella. Publicación de Editorial Auquín. Impreso en el Diario El Cordillerano.

3. Semanario Siete Lagos: 25 números (1999). Impreso en talleres de Diario El Cordillerano. Director – Editor: Marcos A. Rodríguez.

4. Periódico El Pionero Cultural. Primera Etapa: (1992-2002); Segunda Etapa: 12 números (2016).

5. Palabreo, Comp. Prof. Natalia Belenguer. Taller Literario Casa de la Cultura, Villa La Angostura, Octubre 2001.

6. Leyendas Secundarias. Taller de Lectura CPEM Nº68. Coord. Prof. Natalia Belenguer.

7. Hormonas al Wok. María Viegas. Edición Artesanal de Autora.

8. Testosterona a la Parrilla. María Viegas. Edición Artesanal de Autora.

7. Revista Bib Pop/ Revista Haroldo: 10 números (2004-2006).

8. De Locura Juvenil… y Otras Virtudes. Edición del Depto. De Lengua CPEM Nº68. Prof. Miriam Tejada, Fabiana Huertas, Verónica Matis, Patricia Altamirano, Miguel De Vedia, Natalia Belenguer. 2006.

9. Manual de Excusas del Alumno Secundario (Sólo Lectura). Edición del Depto. de Lengua CPEM Nº68. Coord. Prof. Natalia Belenguer. 2007.

10. Relatos con Mate Amargo. Recopilación de Cuentos del Taller Literario de los Alumnos de Educación Primaria de Adultos. CEPAHO Nº19. Coord. Vivi Núñez. 2007.

11. Historias desde la Palabra, la Imagen y el Sonido. Escuela Nº186 “Puñen Hue” de Villa La Angostura. Prof. María Susana Ferro/Mariana Laguarde/Patricia Benítez.

12. Periódico El Orejano: 16 números (2008-2010).

13. Periódico La Hoja de Villa La Angostura (2010).

14. Revista Rescate: 16 números (2011-2020).

15. Charla Abierta: Psicoanálisis en la Comunidad. Centro Psicoanalítico Bariloche. Centro de Congresos y Convenciones de Villa La Angostura, Septiembre 2011.

16. Charla Abierta La Sociedad Actual. Centro Psicoanalítico Bariloche. Centro de Congresos y Convenciones de Villa La Angostura, Septiembre 2012.

17. Alamberse! Primer Round: Alamberse! vs La Literatura (Diciembre 2012).

18. Charla Abierta a la Comunidad: De Hombres y de Mujeres. Centro Psicoanalítico Bariloche. Centro de Congresos y Convenciones de Villa La Angostura, Septiembre 2013.

19. Folleto A lamberse los dedos, Villa La Angostura, Enero 2014.

20. Folleto Alanversitos, Villa La Angostura, Octubre 2014.

21. Tríptico Ediciones Desmesura N°73: Poemas Breves, Noemí Cuenya. Grabados de Nélida Aldrovandi. Bariloche, Julio 2017.

22. Tríptico Ediciones Desmesura N°77: Correspondencias Secretas, Diego Rodríguez Reis. Dibujos de Cecilia I. Gaviola. Bariloche, Septiembre 2017.

23. Fanzine El Volcán del Centro de día «Amancay» (Septiembre 2017): 3 números (2017-2018). Presentando el 08/12/2017 en la Biblioteca Popular «Osvaldo Bayer».

24. Tríptico Ediciones Desmesura N°79: Realidad Vs. Representación, Cecilia Fresco. Dibujos de Agustina Genisio. Bariloche, Octubre 2017.

25. Arte x Santiago y Rafael: Carolina Biscayart, Cecilia Fresco, Ariel Navalesi. Marzo 2018, Salón Gabino Tapia, Bariloche.

26. La Colectiva. Una Revista social. Política y cultural: 1 número (Diciembre 2018). La Revista de El Colectivo del Barrio.

27. Tríptico Ediciones Desmesura N°105: La Anchura y la Llanura, Diego Rodríguez Reis. Acuarela de Julieta Von Thüngen. Bariloche, Junio 2019.

28. Tríptico Ediciones Desmesura N°120: Grupo Alamberse Villa La Angostura: Laura García Rodríguez, Cecilia Fresco, Malena Pandra, Natalia Piehl, Carlos Chávez, Mónica de Torres Curth, Melina Pariente, Luciana Módena, Noemí Cuenya, Luis Catenazzi, Vivi Núñez. Ilustraciones: Bett. Bariloche, Febrero 2020.

29. Tríptico Ediciones Desmesura N°121: Grupo Alamberse Villa La Angostura: Bernabé Arrighi, Madi Raskin, Albertina Rahm, Carolina Rojas, María Viegas, Sergio Petriw, Sebastián Fonseca, Alejandro Cesario, Diego Rodríguez Reis. Ilustraciones: Bett. Bariloche, Febrero 2020.

Antologías

1. Poesía y Cuento de la Patagonia. Fundación Banco Provincia del Neuquén/ Dirección General de Cultura de la Provincia del Neuquén, 1999. Premios de los concursos literarios 1994-1998: Conrado Guillermo Meier.

2. Colección Escribiendo en la Patagonia. Plan de Reparación de la Cultura Escrita para la Patagonia Norte, 2007. 1º Concurso Regional de Cuento y Poesía organizado por la Seccional Neuquén de la Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina: Conrado Meier y Natalia Ileana Belenguer.

3. Primer Concurso Literario Nacional Villa La Angostura-Chateaubriand. Cuentos. Municipalidad de Villa La Angostura, Marzo 2010: Conrado G. Meier, Guillermo E. Levy, Brenda A. Segurel, Humberto L. Godoy y Horacio Covertini.

4. Identid@des. Poemas y Relatos Breves. Educo. Editorial de la Universidad Nacional del Comahue. Consejo Provincial de Educación del Neuquén. Plan Provincial de Lectura, Neuquén, 2011: Natalia Ileana Belenguer, Laura García Rodríguez, Carlos Esteban Hernández y Valeria Daniela Ibáñez.

5. Antología Federal de Poesía. Región Patagonia. Consejo Federal de Inversiones, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2014: Natalia Belenguer, Cecilia Fresco y Diego Rodríguez Reis.

6. Peces con Alas. Antología sin Fronteras. Ediciones Croupier, 2015: Betina González Casasola.

7. Poesía/Río Negro. Las Nuevas Generaciones. Universidad Nacional de Río Negro/ Fondo Editorial Rionegrino, 2015. Compilado por Raúl Artola: Cecilia Fresco (por sus años de residencia en San Carlos de Bariloche) y Diego Rodríguez Reis (General Roca).

8. COMOE. Seis Poetas en Neuquén. Ediciones De La Grieta, San Martín de los Andes, 2015: Cecilia Fresco, Aldo Luis Novelli, Federico Espinosa, Silvia Mellado, Diego Rodríguez Reis, Marcelo Gobbo. En el 2016, el libro fue declarado de Interés Provincial por la Legislatura del Neuquén.

9. Breve Tratado del Viento Sur. Antología Poética de la Patagonia Argentina. Editorial Escarabajo Ltda, Bogotá (Colombia), 2017: Natalia Belenguer, Cecilia Fresco, Diego Rodríguez Reis.

10. La noche de las luces. La Vida en el Bosque Ediciones Libres, Villa La Angostura, Solsticio de invierno de 2018: Natalia Belenguer, Diego Rodríguez Reis, Cecilia Fresco, Carlos Chávez, Malena Pandra, Laura García Rodríguez, Noemí Cuenya, Sebastián Di Silvestro.

11. Patagonia literaria VI. Antología de poesía del sur argentino. Editoras: Claudia Hammerschmidt y Luciana A. Mellado. Compilación, selección y prólogo: Luciana A. Mellado. Editorial: INOLAS, Potsdam (Alemania), 2019: Diego Rodríguez Reis.

12. El Mundo en Voz. Antología Federal. La Caótica Trastienda, Rosario/ Buenos Aires, 2019: Cecilia Fresco, Diego Rodríguez Reis.

13. La última palabra es del viento. Espacio Hudson, Legislatura Provincia del Neuquén, Neuquén, 2019: Diego Rodríguez Reis.

14. Pelados, crotos y vaqueros. Muscaria Ediciones, San Martín de los Andes, 2020: Emiliano Bülow, Melina Pariente, Matías Castro Sahilices.

Un caso curioso

Un caso curioso (y fuera de este catálogo) es el libro“Lagos y Cumbres del Sud”, de Primo Persegani (Talleres Gráficos Caporaletti Hnos., Buenos Aires, Septiembre 1948). En este libro de viajes, el autor narra en primera persona sus andanzas por la cordillera patagónica. Allí, describe así nuestra ciudad: “Villa Angostura (sic) se eleva en un lugar pintoresco y hermoso; con comercio, hoteles y atrayentes mansiones. La impresión del lugar es gratísima.” Más adelante, afirma: “Pareciera el centro de la –better land- (la mejor tierra)”. Y agrega: “La obra del Creador, allí, tocó lo sublime y lo maravilloso. Recuerda el Edén.”

Diego Rodríguez Reis

Revista “Rescate” N°12, Junio 2016

Hoja de Ruta: Palabras Vacías

“Tantas veces me mataron,

tantas veces me morí,

sin embargo estoy aquí

resucitando…”

María Elena Walsh, “Como la cigarra”

Llegó el momento de mandar mis palabras viajeras a las tierras angosturenses y para este decimosegundo rescate de mí mismo hubiera querido hablar de una humanidad que vivía sin hablarse, desarrollándose mediante la capacidad interpretativa que hay entre una madre y un recién nacido; un idioma como las vibraciones entre una ballena y su cría, tan intensas que alcanzan a ser sonoras; una lengua que no necesitaba de las palabras para realizar su largo y hermoso viaje hasta el otro.

Pero no; seguiré interpretando los símbolos, en este caso para referirme a las palabras, aunque reina el frío en esta vuelta de la vida en la que nuestra hermosa patria argentina del fin del mundo se sumerge, mientras celebra el bicentenario de su momento más argento, en el lado oscuro de la luna. Qué le vamos a hacer… es que cada tanto la moneda cae del orto lado y nos toca poner la otra mejilla. Es el tiempo del estancamiento, de la decadencia; una ficha de dominó que cae al ser empujada por la previa, en pleno ínterin de empujar a la próxima.

Son momentos en los que las fuerzas creativas se mantienen desconectadas, por lo que se dificulta explicar la prostitución a la que la palabra está siendo sometida por parte de los profesionales que dicen valorarla, que abarca tanto a la clase política imperante como a la casta periodística que convive dentro de la corporación multimediática –in the pendiente– en disputa por la atención de la argentinidad.

Desde inmemoriales tiempos, la palabra sirvió al ser humano para salir de sí mismo y poder conocer, de primera mano, al otro. Asimismo, la palabra también posibilitó que la violencia no sea la única salida posible para el ejercicio del liderazgo de las comunidades que se formaron y desarrollaron, con la consecuencia lógica de que desde entonces, cada persona fue medida en base a la veracidad de sus palabras y del honor para cumplirla.

Pero en estos tiempos de memoria, mientras duren, llegamos a un nuevo centenario argento inmersos nuevamente en el conservador estanque a la espera del derrame, credo supremo de la elite empresaria internacionalista que hoy comanda los resortes del Estado argentino: el regreso del orden natural de las cosas.

Eso es el 12: primero lo primero, segundo lo segundo; el cielo arriba con la tierra debajo; los iluminados por encima y el resto de los terrenales a la espera de que las fuerzas gravitatorias se ocupen de proveerles; los que mas más, y los que menos, menos; y es así como la cosa se estanca. Entonces me detengo y vuelvo la mirada: la veo allá atrás, tan cercana; aquella ansiada paz en la que, pese a que reinaba el desorden y la tierra se hallaba sobre el cielo, el derrame se producía desde abajo hacia arriba, y los encumbrados condescendían con los de abajo, quienes a su vez abrigaban sentimientos amistosos para con ellos. Aquellos fueron años en los que las diferencias de rango en la sociedad no eran arbitrarias e injustas, y por ende la envidia y la lucha de clases no era consecuencia inevitable.

Así fue que llegaron los vientos del cambio, y en poco más de seis meses, pese a las vacuas promesas que los encumbraron al mando de esta cosa pública ubicada al fondo a la izquierda del mundo, han deconstruido aquel sueño de una Nación autárquica, orgullosa y soberana.

Recién asumidos corrieron ante los patrones globales y se disculparon por aquellos sueños de tiempos pretéritos en los que la patria reclamó lo suyo para sí, con el acaso único lógico desenlace –partiendo siempre de la base que es éste el único líder de esta brillante comarca que no juró por la patria–: el Señor Presidente de los más de 40 millones de argentinos y argentinas, hablándole al Querido Rey de España doscientos años después de nuestra luchada libertad y de la angustia sentida por aquellos libertarios cuando mandaron al viejo imperio a tomar por culo.

Asistimos al brote de la semilla cultural que han sembrado mediante la palabra desde el poder, donde la patria ya no es el otro, si no que la han disgregado, quebrando su unidad mediante la exaltación de la importancia individual de cada una de las unidades que formaban al pueblo. Bienvenida la sociedad meritocrática, donde todo lo que se logró fue por uno mismo, sin vientos a favor de ningún tipo, sin importar el medio que posibilitó esos logros. Y sálvese quien pueda.

Pero el verdadero riesgo consiste en el uso y abuso del lenguaje falaz, por más que se cuente con la complicidad del complejo mediático que lo catapultó. Se puede ocultar los objetivos detrás de causas honorables o tergiversar causas nobles para usufructuar las letras chicas, justificando así el desaguisado que coccionan al calor social generado por la inconmensurable transferencia de recursos que realizan de la tierra al cielo. Y se puede decir que genera dolor «tomar estas medidas difíciles», aunque el mero hecho de tener que verbalizarlo desnuda la absoluta falta empática que tiene nuestra clase superior.

Y pasa el tiempo y continúan con su impunidad, proyectando sus propios déficits donde siempre lo hicieron: en el otro. Porque siempre es y fue el otro. Aquel que deja pesadas herencias, como la que el propio presidente espera de su padre. Rica y pesada también, aunque estoy convencido que cuando le llegue el turno de administrar la paterna, no se ocupará de ella de la misma manera que lo hace hoy con la pública.

Han disfrutado y usufructuado de la confianza de la ciudadanía siempre que pudieron ocultar sus intenciones en los pliegues de las medidas, o responsabilizado aquel reciente pasado para saquear a la totalidad de la clase media argentina que los eligió, devaluando recién asumidos, disparando la inflación a una proyección que se acerca inevitablemente a superar el 50 por ciento anual, con paritarias a la baja incluso de aquella lejana proyección del treinta y pico anual, sumergiendo al país en la estancada recesión. Y ahora han llegado finalmente a los cuadros tarifarios de los servicios públicos y el único final a la vista en este oscuro túnel es el de nuestros bolsillos.

En el frío del lado oscuro de la luna (¿o es de la fuerza?) los superiores y los inferiores carecen de mutua relación, y confusión y desorden reinan sobre la tierra. (…) Los nobles, empero, no se dejan inducir a error en lo que concierne a sus principios. Aun cuando ya no les queda ninguna posibilidad de acción, siguen siendo leales a sus principios y se retiran, ocultándose.

He de replegarme, intentar ver las cosas en perspectiva. Estoy convencido que detrás de todo esto hay un nuevo aprendizaje para el pueblo argento, y ya veremos cual termina siendo. Nuestro ser nacional sigue en desarrollo, y el traumático inicio del siglo XXI lo hizo más resiliente aún. En unos meses veremos hasta dónde puede llegar la nueva revolución conservadora en esta ocasión en la que se ha disfrazado de alegría.

Y en este repliegue me dispongo a esperar la comunidad con los hombres: una época en la que se abandonará la luminosa dureza externa que oculta el débil y oscuro interior que hoy impide que la claridad interior se exteriorice en fuerza, como cosa esencial para la pacífica unión de los hombres. Una nueva Era en la que no son los fines particulares del yo, sino las metas de la humanidad lo que produce una duradera comunidad.

Mientras tanto, nuestro benemérito presidente y sus secuaces habrán de tener cuidado, porque, como rezaban aquellas palabras que viajaron por el país durante alguna campaña política en la lejana Reina del Plata: en TODO está él –con ellos detrás–.

Joaquín Domenech

Revista “Rescate” N°12, Junio 2016

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