Poetas de la Patagonia: Luisa Peluffo

Cada nota para la “Rescate” me presenta la oportunidad de releer, revisar, hablar y volver a acercarme a algún querido poeta patagónico. Esta vez la idea es hablar del último libro de poemas de Luisa Peluffo, queridísima y reconocida escritora barilochense.

Es un extenso libro de poemas, a la manera de los libros bilingues, donde en la página derecha podemos leer el poema y en la izquierda la versión manuscrita del mismo. En esas «grafias» que reproducen la hermosa y rápida letra de Luisa, se ven las correcciones, las tachaduras, las idas y vueltas de cada texto. Esto agrega interés a la lectura, al ver las tachaduras o cambios nos quedamos pensando en el modo en que la poeta elige su sonido, su forma de decir. Su propia voz.

El libro se divide en siete secciones que recuerdan el lenguaje fotográfico: fotogramas, autorretrato, instantáneas, registro, retratos, postales y veladas.

Dentro de los fotogramas podemos encontrar poemas como este: «cruzando la pampa // anochece/el verde se vuelve sombra/contra el horizonte//las copas de los arboles/recortan un encaje/sobre el cielo rojo//al borde del camino/los charcos/duplican ese cielo», leyendo esta parte, la pampa, la estepa, las rutas, se ven, se huelen, se sienten en su inmensidad y su belleza.

En los autorretratos, casi en clave de haiku hay descripciones personales tan justas e inquietantes como «instantánea //boca grande ojos angostos/ me describió alguien».

En las instantáneas, bellezas como: «efímero //el nogal/se ilumina por dentro//el otoño/comenzó/en sus hojas/mas secretas/ahora/cae lento/sobre el pasto…»

En su registro, palabras que sentimos tan fuerte los que vivimos el 4 de junio del 2011 en esta zona: «4 de junio /los hombres/podaron el nogal/como si le temieran//(se puede matar/de miedo)//después/las cenizas/cubrieron todo».

En los retratos cosas como este revelador fragmento: «…mirar viejas fotografías/es nadar contracorriente».

Y postales claras como: «rosebud//el sol/asomando en el río/el sonido del agua/contra el bote/el balanceo/tu beso/en la palma de mi mano/tu barba/tu suave barba rojiza».

Y en las escalofriantes últimas veladas, fragmentos como: «ensayo //desnuda/cruza lentamente/la sala vacía//no tiene miedo/el verdugo/le cubre los ojos…»

Es una alegría enorme leer y releer este libro de Luisa, donde encuentro su voz ubicada entre o junto a la filosa escritura de Alejandra Pizarnik y la lucidez y el desenfado de Susana Thénon. Su libro tan maduro y sencillo, me emociona cada vez que vuelvo a abrirlo y lo recomiendo muy muy especialmente.

lo que no se ve

siento

venir cosas

de la gente

a veces

un río

un oscuro río

de tristeza

***

clase media

yo fui una joven muy formal

demasiado aunque trataba

de que no se notara viví mucho tiempo

con los prejuicios

de la clase media y la clase media

como es bien sabido

no tiene ninguna grandeza es una

clase condenada a la

mezquindad de lo que logra y a la

codicia de lo que envidia

todo esto es muy obvio pero a mí me

sirve escribirlo

***

después

mucho después

la caricia olvidada

del sol

tercamente

esmeralda

la hierba

crece

sobre el gris

el álamo

y el guindo

renacen

el arrayán se cubre

de flores blancas

diminuta

intempestiva nieve

Luisa Peluffo es una escritora y periodista argentina. Nació el 20 de agosto de 1941 en Buenos Aires y desde 1977 vive en San Carlos de Bariloche

Su obra:

Fotografías (poemas). Ediciones Gárgola, Buenos Aires, 2014.5

Se llaman valijas (cuentos). Ediciones Gárgola, Buenos Aires, 2012.

Nadie baila el tango (novela). Ediciones Gárgola, Buenos Aires, 2009.

Me voy a vivir al sur (crónica). 1ª Edición: Editorial de los Cuatro Vientos, Buenos Aires, 2005. 2ª Ed: Ediciones Gárgola, Bs As, 2010.

Un color inexistente (poemas). Ed. Torremozas, Madrid, España, 2001.

La doble vida (novela). Ed. Atlántida, Bs A, 1993.

La otra orilla (poemas). Editorial Último Reino, Buenos Aires,1991.

Todo eso oyes (novela). Emecé Editores, Buenos Aires, 1989.

Materia de revelaciones (poemas). Ed Botella al Mar, BS As, 1983.

Conspiraciones (cuentos). 1ª Ed Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires, Bs As, 1982. 2ª Edición: EUDEBA, Buenos Aires, 1989.

Materia viva (poemas). Editorial Schapire, Buenos Aires, 1976.

Cecilia Fresco

Revista “Rescate” N°11, Enero 2016

La Noche Boca Ríver

“Traduttore, traditore”

Proverbio italiano

El escritor, periodista y músico aficionado Alan Verse, en sus tiempos mozos, de fuerza, arrogancia y fluida imaginación (de mayo a noviembre de 1986), probablemente impulsado por el hecho de que Argentina se coronara campeón en el Mundial de Fútbol de México, tuvo la idea de aprovechar ese fervor popular futbolístico como vehículo de la gran literatura. Entonces acometió la labor (de antemano inaudita) de traducir al lenguaje futbolístico las grandes obras maestras de las letras argentinas, americanas y universales.

Comenzó por Vicente López, zona que conocía a la perfección de sus tiempos de estudiante, décadas antes de instalarse definitivamente en la ciudad cordillerana de Villa La Angostura. Cuando ya había traducido (argumentalmente, mentalmente) dos o tres poemas de Leopoldo López (poeta simbolista, amigo y camarada de aquellos tiempos y tierras) decidió que convenía, a manera de golpe de efecto, saltar directamente a lo consagrado, lo grande, lo glorioso. Decidió traducir al lenguaje futbolístico la novela Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski. Pero, apenas trasuntadas unas veinte páginas, entendió que tanto la extensión de la obra como la cantidad de páginas trabajadas por día excedían sus expectativas de vida.

Entonces delegó la tarea a su inefable colaborador, amigo y coetáneo, el instructor de Educación Física, Euclides “el Profe” Córdoba. Euclides era un hombre disciplinado, serio, pelado. Tenía cierta experiencia en el rubro: había escrito algún que otro suelto, en general reseñas de los partidos de la Liga Confluencia, para medios locales. Algunas de las notas que escribió para “La improvisación” (periódico cultural que editó con Alan Verse, más o menos periódicamente) han llegado aún hasta nuestros días. Ciertos resabios del tono futbolístico parece perdurar en ellas.

“El Profe” Córdoba, después de un par de intentos fallidos, concluyó que la mejor traducción, para una mayor comprensión del argumento de una novela psicológica de fines del siglo diecinueve, era la traslación total del texto a un relato futbolístico. Mejor aún: a la crónica periodística de un partido de fútbol.

“¡Domingo de literatura, señores!”, arrancaba el panegírico, entablando animadísimo diálogo con el lector. Animación que, “más allá de cierta llaneza y hasta indecisiones en los movimientos iniciales (los primeros veinte minutos)”, llega a su punto cúlmine con los asesinatos de la vieja usurera Aliova Ivánovna y de su hermana Lizaveta por Rodión Raskólnikov, un estudiante “de andar cansino, un jugador mental, con poco recorrido en el campo, pero dueño de un derechazo fulminante”.

Raskolnikov, luego de su crimen, sufre la persecución abstracta de la culpa y la física del inspector de policía, el juez Porfirio Petróvich, “un veterano con temple y despliegue, un verdadero tiempista, que sabe cuándo arriesgarse y dónde cortar el juego”.

Petróvich asedia a Raskólnikov, “no lo deja armar ni desarrollar sus jugadas, frustra implacablemente todos los avances del estudiante”. El resultado, según el “Profe” Córdoba: “Un libro friccionado en el medio”. Desesperado, Raskólnikov “va retrocediendo cada vez más, cediendo campo a su contrincante, hasta que ya en el tiempo de descuento pierde la concentración y descuida su defensa, lo cual acelera que la justicia, personificada en el juez Petróvich, marque al fin un tanto a su favor”. Raskólnikov se entrega.

Las conclusiones ulteriores de Euclides Córdoba van de lo meramente técnico-descriptivo a las semblanzas morales: “El libro, escrito en 1886, cuando no existían ni la definición por tiros desde el punto penal ni la eliminación por muerte súbita (luego suavizada con el término gol de oro), presenta todas las alternativas de un juego emocionante, de ida y vuelta, vertical, que sin embargo no se ven reflejadas en el pobre resultado final: 1 a 1. Así y todo, Raskólnikov mereció algo más, ya que mostró dinámica, actitud, y presentó pelea, se paró de igual a igual en lo más álgido del campo de juego”.

Alan Verse publicó íntegro el texto, que no tuvo gran aceptación por parte de los amantes del buen fútbol (ni por los de la buena literatura). Pero no se dio por vencido. Decidió que lo mejor era seguir los áureos principios aristotélicos, y optó por traducir una obra de cierta y bien ganada celebridad, ubicada entre lo regional y lo universal. Una obra netamente argentina.

Una iluminación brusca (como son todas las iluminaciones) decidió la obra a traducir: el cuento de Julio Cortázar La noche boca arriba. Una sutil alteración en el original decidió la temática de la traducción, cuyo nuevo título quedó así: “La noche Boca Ríver”.

La historia (relato de una jornada alucinante) inicia con las peripecias de un oscuro centrojás del Club Atlético Boca Juniors, en un partido jugado en los inicios del siglo XX, en los tiempos primitivos, amateurs del fútbol, previos a la era moderna del profesionalismo. Digamos, 1917. El centrojás es un chico formado en las inferiores, una gran promesa que apenas juega su tercer partido en primera. Su equipo va perdiendo 1 a 0 contra el Rácing Club de Avellaneda. A falta de diez minutos para que termine el partido, el centrojás intenta una guapeada. Después de cortar un avance del adversario y de levantar la cabeza, inicia la carrera. “Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía”, ve al wing derecho que se la pide larga. Mete el pase en cortada y va en busca de ese centro salvador. la defensa está desarmada, debido a lo sorpresivo del ataque. El centrojás va seguro, “llegaría con tiempo sobrado a donde iba”.

“Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente”. Saltó flojo a buscar el cabezazo. No vio al stopper que salió de la nada a cortar bien arriba. “Fue como dormirse de golpe”. Cuando vuelve en sí del desmayo, lo están trasladando boca arriba en una camilla, sacándolo del campo de juego. De ahí, a una ambulancia que llegó a los cinco minutos. “El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más”.

Pensando en eso está cuando llega el sueño. En ese sueño, es un hincha de Ríver que grita uno de los goles del mellizo Guillermo Barros Schelotto (el tercero suyo, cuarto de una goleada que terminó 6 a 0 a favor de Gimnasia y Esgrima de La Plata en la mismísima Bombonera) en un bar repleto de hinchas de Boca Juniors. El hecho ocurre el domingo 5 de mayo de 1996, casi unos ochenta años más tarde que el episodio anterior.

Los hinchas de Boca lo acorralan, apenas contenida la violencia. El hincha de Ríver se disculpa, miente al decir que es hincha de Gimnasia, al tiempo que intenta esconder con la mano derecha una medallita con la efigie del Beto Alonso que lleva al cuello. Un manotazo le arranca la medalla. Caen varios y simultáneos golpes que erran el destino. El hincha de Ríver se escabulle y logra huir del bar. Los bosteros lo siguen. Se mete en una plaza, a dos cuadras. Se esconde entre unas retamas. El texto de Alan Verse continúa citando cada tantas oraciones al texto original de Cortázar: “Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida”.

El joven se despierta y vuelve a ser el centrojás de 1917. Tiene el brazo, enyesado, colgado de un aparato con pesas y poleas. Se hace de noche y la fiebre lo va inundando. Vuelve a caer en el sueño.

Ahí vuelve a la plaza. Los bosteros lo tienen cercado: “Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres”. Despierta por última vez en el hospital, en cuya realidad le cuesta cada vez más mantenerse, hasta que cae definitivamente en el sueño. Allí, los bosteros lo han capturado y lo arrastran hacia un descampado.

El relato fue publicado primero en el periódico “La improvisación” (que Alan Verse editaba con Euclides “el Profe” Córdoba), en una revista cultural de la vecina ciudad de Bariloche, y fue repetido por varios locutores radiales nocturnos. A partir de ahí, llovieron las objeciones. La primera (y la más evidente) fue que en el cuento cortazariano original, el tiempo cero del relato es el futuro, y el sueño (el aparente sueño), el pasado, en el cual concluye la narración. En el relato alanversiano, en cambio, el proceso era el estrictamente inverso.

Alan Verse las ignoró plenamente. Se defendió de esas (o de otras) objeciones aduciendo frases sacadas de contexto, malentendidos, puteadas. En realidad, ya estaba embarcado en otro proyecto, de tintes más o menos románticos. Meses después (se supone que luego del fracaso de ese proyecto amoroso) mandó una carta de lectores a la revista barilochense. La carta se titulaba, con elocuencia, “Sobre la imposibilidad de toda traducción”. Allí predicaba: “No existe la traducción perfecta. Peor aún: No existe tal traducción. La traducción es una obra imposible. Una palabra es sólo esa palabra y no puede igualarse o compararse a ninguna otra cosa, ni siquiera a otra palabra. Una cosa es sólo ésa cosa. Un árbol es un árbol, un hombre es un hombre, un planeta es un planeta”. Y concluía: “Contrariamente a lo que se amoneda en dichos apresurados y piensa la gente en general, nada tiene que ver con nada. Estamos solos e incomunicados en un universo hostil o indiferente, muchachos”.

Lamentablemente, debido a su extensión desmesurada, la carta fue recortada por los editores de la revista, por lo cual su sentido no pude ser comprendido correctamente.

Como a Alan Verse esto solía ocurrirle de continuo, no encontró diferencia alguna entre ese y otros parecidos o idénticos fracasos.

Diego Rodríguez Reis

Revista “Rescate” N° 11, Enero 2016

Hoja de Ruta: La Paz

«En el mundo humano se trata de una época de concordia social. Los encumbrados condescienden con los de abajo. Y los de abajo, los inferiores, abrigan sentimientos amistosos para con los elevados, y así llega a su término toda contienda».

Hexagrama 11, I Ching

Si algo no esperaba del 2015 era que Mauricio Macri se impusiera en las elecciones presidenciales, oficializando democráticamente que la sociedad de esta brillante república sureña estaba dispuesta a cambiar su rumbo y tomar uno nuevo que, en mi más íntima opinión, le significa a nuestro país un retroceso histórico. Una nueva Paz, veremos si tan falaz como las que la precedieron.

Yo estoy triste, y ahora finalmente entiendo algo que viví años atrás y, por aquel entonces, no había alcanzado a comprender. Porque hubo algún momento de mi vida que creí que ésta –con este mismo protagonista– podía ser la respuesta a los males de la patria, o a su hecho maldito, el peronismo. Así aprehendí por herencia paterna, casi genéticamente: que el día que los empresarios alcanzasen el gobierno el Estado podría ser eficiente.

Para 2008 intuía que las cosas eran de otra manera. El día de la votación en el Congreso por la aprobación de la 125 estuve en las dos movilizaciones: la opositora en el Monumento de los Españoles –lógico– primero, y la oficialista en la plaza del Congreso para la votación parlamentaria.

Tras ese histérico capítulo de nuestra reciente historia me costó comprender la profunda desazón de algunos militantes oficialistas, quienes habían roto en lágrimas al conocer el veredicto. A mi regreso pasé por donde festejaban los chacareros, todos ellos en sus caras camionetas 4×4, brindando con champaña, celebrando la vigencia de una opulencia que aunque les estuviera yendo tan mal como nunca (!), seguían siendo cada vez más pudientes. Era –y sigue siendo–una cuestión de ganancias y, en consecuencia, de su distribución y de los que quieren que éstas sean sólo para ellos.

Ahora nuestra hermosa y brillante patria del sur del mundo deberá lidiar, verdaderamente, con todo aquello que Mauricio Macri y compañía, en connivencia con los principales medios de comunicación nacionales, denunciaron del anterior gobierno que, a mi entender, no hizo más que luchar por que la Argentina fuese el lugar más justo posible: una tierra de la que sentirnos orgullosos y que nos ofrezca una vida digna para la mayoría de nosotros, argentinos individuos. Todo lo que fue instalado en el inconsciente colectivo social respecto de los otros –el peronismo– en el gobierno, ha llegado la hora de que lo vivamos en carne propia. Lo nuestro, creo que ya no queda otra, será una profecía autocumplida, y veremos como el presidente electo empieza a desnudar todos los males que alguna vez proyecto en la ex presidente.

Manejando los resortes del Estado mediante el abuso del decreto, el poder conservador argento comenzó, recién asumido, a dinamitar leyes emblemáticas que en su momento hubieron de ser largamente debatidas y replanteadas antes de ser aprobadas por el Congreso de la Nación, donde todos los habitantes argentinos están representados; aprovechan que MM recibió el mando durante la feria legislativa y que las medidas son lo suficientemente urgentes como para un DNU, pero no para sesiones extraordinarias del Congreso. Esta es la manera seleccionada por el empresariado nacional, los nóveles burócratas estatales, para evitar la representación de la mitad menos uno que no eligió esta revolución del cambio.

Hasta hace unos días yo era un argentino orgulloso de su representación política, que luchaba en medio de un mundo adverso regido por un sistema inconducente, intentando que todos sus habitantes tuviesen una oportunidad de salir adelante, en la búsqueda de ser el fiel que equilibra el ganancial egoísmo imperante con las necesidades de aquellos que carecen de los bienes necesarios para alcanzar sus fines, que suele ser una linda vida mínima. Si hasta la Iglesia Católica, una de las instituciones más conservadoras del mundo se subió a esa corriente de mayor justicia social, con profunda raíz latinoamericana, y lo hizo ni más ni menos que utilizando a un compatriota; pero la Argentina quiso ser distinta, y decidió cambiar su rumbo para insertarse en el mundo, actualmente regido por los poderes financieros que, en búsqueda del mejor margen, no dudan en hacer tambalear la economía de cualquier nación soberana a lo largo y ancho del mundo.

Me pregunto: ¿Cómo sonarán las palabras de Francisco, ante una plaza llena frente a la Catedral de la Reina del Plata, condenando al Dios Dinero y llamando a sus fieles a ocuparse de lo social mientras el nuevo Presidente lo mira desde lejos, a través de una ventana de la Casa Rosada? ¿Qué tanto lío puede hacer la militancia católica nacional?

En definitiva, la mitad más uno eligió cambiar para que a esta hermosa república la manejen quienes ya han desfondado al Estado de cuanta forma han podido, usufructuando las vidas y los frutos del trabajo de todos los argentinos, y a partir de ahora ya lo están haciendo nuevamente, al amparo de un complejo mediático que siempre y cuando se haga todo a su gusto, ocultará los males hasta que ya sean inevitables e insalvables.

Primero desfinanciaron a la Nación mediante una indiscriminada quita de impuestos; continuaron con los trabajadores quienes, tras una devaluación maquillada como salida del cepo, un simple anuncio tergiversado, no sólo terminaron ganando un 30 por ciento menos, si no que a eso se sumó la inflación generada por la medida, al tiempo que se preparan para profundizar el ajuste mediante sendos tarifazos –de hecho, a los jubilados cordobeses la alegría ya «les explotó en la cara» mediante una rebaja en los haberes que percibirán de su jubilación a partir de estos meses que vienen.

Y mientras el presidente descansaba a la vera del Nahuel, el norte se inundaba y los glaciares continuaban su derretimiento, el flamante Ministro de Finanzas y Hacienda amenazó a los trabajadores con que, de haber demasiado reclamo, se podrían comenzar a perder empleos. Frente a los reclamos por despidos, las fuerzas de seguridad ya disfrutan los nuevos vientos y reprimen sin temor. Persecución política y despidos en todos los escalafones estatales y Feliz año nuevo para todos, y todas. O tal vez ya ni eso.

La contradicción es que esta elite empresaria internacionalista es incapaz de quebrar los lazos o vínculos que posibilitaron su formación, y han estado tanto tiempo subordinados a los co-mandos extranjeros que finalmente el árbol les tapó el bosque: tienen la oportunidad de desembarcar en la empresa más grande y poderosa que hay dentro de estas fronteras, el Estado Argentino, con sus inmensas riquezas, y en vez de explotarlas correctamente, eficientemente como tanto les gusta el término, para ganar en poder y rentabilidad propia, lo que hacen es dinamitarlo y desguazarlo en beneficio de sus patrones de siempre, los poderes financieros globales y los intereses de otros Estados Nación, por lo general situados en el hemisferio norte. La conquista cultural los ha sometido en la incapacidad de creer que la Argentina puede ser verdaderamente un país serio, a su propio modo.

Pero no es de sorprender en una clase social que presta atención únicamente a los márgenes de ganancia; una porción de la sociedad que se enorgullece de haber pagado, durante todos estos últimos años en los que se vieron favorecidos, el salario mínimo, pero ojo, que fue en blanco eh… ¿Acaso ellos se sienten satisfechos con el mínimo? No lo creo.

Tal vez ese sea el aprendizaje para estos años venideros: que a aquello de armen su partido y ganen mediante elecciones le continúa la nada sencilla tarea de dirigir a la Argentina, con los cuarenta millones de argentinos que la habitamos, no apenas para los cuatro millones que ya son dueños de casi todo. El 2016 arrancó en cuarto menguante, acaso señal del invierno que se aproxima, y una vez que transcurra, se podrá ver claramente quienes habían llegado a juntar lo suficiente para, por lo menos, sobrevivirlo dignamente.

Llegó la Paz y yo ¿qué espero? Espero equivocarme y, en caso de hacerlo, tener la fortaleza de asumirlo. Y si no, espero que el invierno pase pronto, para que la próxima temporada sea tanto o más fructífera que la que el pasado 10 de diciembre concluyó. Pero lo más importante de todo, espero que el fin de esta paz no se deba a que los encumbrados no condesciendan a los de abajo, que estos abandonen los sentimientos amistosos y den comienzo las contiendas. Porque entonces la confusión y el desorden reinarán en la tierra, y aunque a los nobles en retirada ya no les quede posibilidad de acción, seguirán siendo leales a sus principios por el tiempo que se prolongue el estancamiento.

Joaquín Domenech

Revista “Rescate” N°11, Enero 2016

Poetas de la Patagonia: Javier Milanca y David “Mapurbe” Añiñir

Hoy traigo al camino de “Rescate”, en este número dedicado a los unos y los otros, a dos grandes poetas que estuvieron compartiendo sus textos acá en Villa la Angostura. Dueños de una envidiable y maravillosa tradición de poesía chilena y mapuche, consecuentes con ella, con su extensión, profundidad y sonoridad David Aniñir (Mapurbe) y Javier Milanca no van juntos porque no tengan identidad propia, sino porque en habitual que juntos se presentan, lean y recorran los caminos llevando su voz y sus libros.

Y están especialmente en este número dedicado a los unos y los otros porque de algún modo ellos (para mí, claro), son de algún modo unos y otros, representan parte de la cultura mapuche pero la cultura mapuche hoy, acá, ahora, ciudadana, rural, mezclada, hibrida, mestiza. En los dos hay interesantísma búsquedas formales y temáticas: el concepto Mapurbe (mapuche urbano), más que claramente expresado en el poema con ese titulo de David, los Pichi Epew (pequeños relatos), tan potentes que cumplen con la condición del «cross a la mandíbula» que pedía Arlt para los cuentos, son una muestra de esta poesía, que, siendo tan diferente cada una, se unen en una voz múltiple, comprometida, coloquial y lírica a la vez y por sobre todas las cosas tremendamente sincera.

Muchas cosas se pueden decir de su poesía, lo que más me llamó la atención a mí, y me la hizo tan fuerte al leerlos, es que, aunque su identificación cultural es muy fuerte, en ningún momento es usada de escudo o de condicionamiento y la lírica de ambos es personal y de gran calidad literaria.

Se pueden leer sus obras en internet o en la biblioteca Bayer donde dejaron sus libros. Les dejo un poema de cada uno de ellos y la certeza de que ya los volveremos a escucharlos en el pueblo cualquier día de estos

ROGATIVA PARA QUE BAJEMOS A JESÚS (Javier Milanca)

Su Padre lo abandonó

Y los suyos ya no practican lo que rezan.

Mejor le decimos a Jesús que se venga con nosotros

¡Que se venga!

que nuestro Rewe no tiene clavos.

Que se saque esa corona de espinas y se ponga un trarilonko de Foye

Que se venga con nosotros

Aquí no explotamos al hombre por el hombre

Aquí no destripamos la tierra.

Eso sí,

Que no se venga a cachiporrear con eso de caminar sobre las aguas

Que aquí no estamos para trucos televisivos,

además Kalfukura lo hizo en el Nawel Wapi

con menos aspavientos.

Mejor se moje sus canillas de Wilke

y ayude al río a pulir las piedras.

Que no multiplique los panes

Pues igual nos alcanzará.

Que no multiplique los peces

Que sabemos pescarlos con nuestras manos.

Ahora, si convierte el agua en vino

no nos vamos a enojar,

Porque no es cosa de andar despreciando milagros, así como así.

No siga llorando con los brazos colgando

Que acá también sabemos de calvarios.

Vente Jesús y pelea con nosotros

Que ya no nos quedan mejillas que colocar

Vente Jesús y resucita

así como nosotros hemos resucitado.

Mejor bajemos a Jesús y que su sangre no nos siga culpando.

Vente Peñi Jesús, ahora que muchos están en la cárcel.

¡Mari mari Jesús!

ahora y en la hora de todas nuestras muertes,

(No diga amén diga Marichiweuw).

¡¡ MARICHIWEUW !!

***

MAPURBE (David Añiñir)

Somos mapuche de hormigón

Debajo del asfalto duerme nuestra madre

Explotada por un cabrón.

Nacimos en la mierdopolis por culpa del buitre

cantor

Nacimos en panaderías para que nos coma la maldición

Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriantes

y ambulantes

Somos de los que quedamos en pocas partes

El mercado de la mano de obra

Obra nuestras vidas

Y nos cobra

Madre, vieja mapuche, exiliada de la historia

Hija de mi pueblo amable

Desde el sur llegaste a parirnos

Un circuito eléctrico rajó tu vientre

Y así nacimos gritándoles a los miserables

Marri chi weu!!!!

en lenguaje lactante.

Padre, escondiendo tu pena de tierra tras

el licor

Caminaste las mañanas heladas enfriándote el sudor

Somos hijos de los hijos de los hijos

Somos los nietos de Lautaro tomando la micro

Para servirle a los ricos

Somos parientes del sol y del trueno

Lloviendo sobre la tierra apuñalada

La lágrima negra del Mapocho

Nos acompañó por siempre

En este santiagoniko wekufe maloliente.

Oda al hambre

Siempre y cuando tengas hambre

Abre el apetito de tus instintos

Busca en medio de la basura o pide fiado

Siempre hay algo esperando

Una boca desmuelada siempre espera algo

El hambre es la constante órganika

de que estás vivo

Vivo en medio del hambre te vives

Acompañada de mal genio, desolación

y miradas perdidas en el techo

El hombre fantasma de la pobla ronda día y noche

Por sowetos vigila a los niños muertos por inanición

Por las favelas desnuda a los turistas

Por los suburbios rapea como primitivo

Y en los campamentos empapela tu visión

Siempre y cuando no finjas siéntala

en ti

Muy adentro

No te engañes con consumos varios de sospecho origen

Siéntela

Deja que te seque las tripas

Evita la lombriz solitaria

Deja dividir tu estómago

Retuerce tus entrañas

Desecha glucosa a tu amargura de existir

Revuelve tus órganos con vendavales y fuego

Eructa llamaradas de hambre

Defeca ventocidades anales al viento norte

Siente profundo lo que vanamente

Es el pan de cada día

De muchos como tú

Y otros no tan parecidos ti

No alucines con porotos enrríendados en una sarta de tallarines

No pretendas comer del plato ajeno

Mantén apagada la tele

Evita memorizar imágenes gastronómicas

Desecha toda posibilidad de degustar

Las delicias que para ti no alcanzan

Aleja el tenedor

La cuchara

Y el cuchillo… aleja el cuchillo

Desaste del cuchillo, controla tus impulsos suicidas

Contrólalos

Algo puede suceder mañana,

Evita pensar

¡ ¡ No pensar peligro de muerte!!

reserva tu última dosis de neurona

antes de caer a la sicosis del hambre.

Cecilia Fresco

Revista “Rescate” N°10, Enero 2015

Hoja de Ruta: Mi Huella

“Lo importante es que la recepción del texto sea posible para los contemporáneos, o que así lo haya creído su productor. Desde este punto de vista, el concepto de “falso” no es pertinente.”

Tzvetan Todorov, “La conquista de América. El problema del otro.”

“De lo que se trata es que las diferencias de rango en la sociedad humana no sean arbitrarias e injustas, pues de otro modo la envidia y la lucha de clases será consecuencia inevitable.”

I Ching. Hexagrama 10, Lu / El Porte (La pisada)

“El número 10 está formado de la unidad seguida del cero, simbolizando una partida y una realización. En consecuencia, una evolución.”

Tarot de Marsella

I.

Primero fue la palabra. En el Congo: ‘nommo’. Ya sea vapor de agua, grito u oración, ella despierta la esencia del ‘ntu’, todo lo que es. Heráclito, V a.c., consideraba al logos una inteligencia que dirige, ordena y armoniza la existencia; Viktor Frankl, XX d.c., lo equivale al sentido, significado o propósito. En congoleño el nommo es la fuerza que hace que las cosas vivan y sean. Juan, d.c., atestiguó que lo primero fue el logos y lo tradujeron como palabra. Detalles.

Las palabras construyen las historias, todas las posibles o imaginables; siempre principio-desarrollo-final; autosemejantes, fractales. La Historia es real, el mito maravilloso; entonces el cuento ha de estar en la frontera. Ella está escrita y documentada, ellos no necesariamente, se anclan al verbo; se enquista al tiempo del que los otros carecen. Duro y blando.

Las palabras también modelan los asuntos corrientes, y en esta brillante república del sur del mundo, donde la democracia se vive como destino final, nos disponemos a elegir el rumbo, nuestro Norte. Unos y otros, en la intimidad del cuarto oscuro, enfrentaremos las urnas. Doce años de país con buena gente, donde la patria fue el otro. ¿Cambiar a la patria soy yo? Suena conocido. Profundicemos; otra vuelta de tuerca: la patria somos todos y nuestro norte es el Sur.

II.

Unos y otros transitamos la carretera: mano y contramano. Antes, el camino se hacía al andar; hoy vemos hacia atrás y no distinguimos nuestras pisadas: no dejamos ninguna.

Hace un tiempo decidí bajar de la cinta asfáltica por un camino de ripio y detenerme en la frontera, tiempo del juicio, más no final. Mientras tanto VLA cumplió un nuevo ciclo: su segundo gris amanecer. América esculpe sus habitantes con fuerza natural, artesanía pura. La comunidad evoluciona resiliente como unidad; ciclo tras ciclo deja el miedo atrás y se acerca a la unidad nacida del amor.

¿Civilización o barbarie? La carretera macartiana –también gris– describe un fin de ciclo; el apocalipsis devenido del quiebre sistémico (¿acaso su génesis fue un club de pelea?). ¿Por qué este hecho habría de ser tan violento? ¿Por qué habría el ser humano de degradarse así? Proyecciones. También podría ser natural-mente.

Todo es pendular, y cuanto trajeron y mataron de América refluirá a Europa, semejante pero distinto: nuestra tierra tiene modos propios y vibra a su ritmo. Duro y blando; ciclos que se cumplen en la actualidad de un mundo con pocas fronteras.

III.

Hoy las Islas Malvinas son enclave colonial en América; últimos vestigios de un cambio que va terminando de ser. ¿Necesitaban ser ‘vueltas a poblar’ en aquel 1833? Originarios exógenos que luchan por un desarrollo inorgánico, por fuera del continente, a contramano de la Patria Americana.

Ya caerán en el reflujo; el ciclo se cumplirá y tanto la argentina república sureña como la madre que la alberga volverán a estar completas. Natural es el modo de la América.

Cuando intentamos hacerlo ‘a la europea’, a la fuerza, los pichiciegos se ahogaron en la frontera, inhabitable en el tiempo ya que ha de ser cruzada, es tránsito al futuro; el tiempo que le lleva al péndulo recorrer el espacio entre los extremos, todo y nada, intangible.

El mar fue la frontera natural que protegió a Europa y a la desnaturalización del hombre. Fue entonces cuando aquel que decía traer el nombre de Cristo quiso poseer la tierra en nombre de otro. Y despertó a la fiera.

IV.

La flecha es la Historia: una forma de ver el mundo y el tiempo y la vida. En la frontera me encuentro ante evidencia millonaria: por aquí anduvieron dinosaurios; millones de años. La Historia no define respecto la presencia humana en la Patagonia: oscila entre 10 y 25 mil años. Detalles.

“El mayor genocidio de la historia humana” dice un francés, y detalla: 70 millones de vidas humanas, el 90 por ciento de la población. Así impactó la flecha en el blanco circular que fue el corazón de la América. Crónicas redactadas que iniciaron la Historia americana; cuentos con violencia inimaginable. Bienvenida civilización.

Cuando llegó el turno de la Patagonia la argentina república naciente estaba bien aprendida y fue diligente: ‘conquistó el desierto’ y ya nunca sabremos como corrían las diáfanas aguas chubutenses hace 5 o 10 mil años, no quedó a quién preguntar. Páginas arrancadas a un libro; milenarios mitos maravillosos silenciados en el viento, sin traducción posible más que el dictado de la piel.

Transformación inherente al ser americano. Los originarios sabían adaptarse; perder y aceptar un nuevo paradigma, sea social o religioso. Nunca comprendieron o vislumbraron semejante exterminio.

La flecha interrumpió una cíclica espiral milenaria, natural; intrincada textura comunitaria y social en connivencia con la tierra –habitantes–. El mundo tal y como había sido creado: el paraíso.

Ante semejante histeria, ¿cómo no ser históricos?

V.

¿Es posible reciclarse cuando se interrumpe el ciclo? Me habitan genes del mundo del revés: allí donde la sombra invernal se estira hacia el norte, donde la luna nueva se pone triste y el 21 de septiembre no es florecer. Genes europeos con carga genocida a cuestas, y así y todo la tierra se mete por los pies, el viento por los poros y su belleza en los ojos. América me talla y me define a su modo, con bruscas caricias, y cómo poblarla sin manual de instrucciones.

Las plantas soportan injertos: se adjunta la rama de una especie a la raíz de otra y ‘crece’, se desarrolla igualmente; la energía es la misma. Realizada la operación, ¿qué planta es? Álamos centenarios en la milenaria estepa, mudos testigos de la ausencia originaria, de la futilidad poblacional de aquella inútil ‘conquista’.

Somos la sangre que ha corrido por las venas abiertas. Nos transformamos, coagulamos, cicatriz que con el tiempo se ocultará entre los pliegues de esta tierra que siempre fue y será. Nos reciclamos tras ser injertados en un medio ajeno. Construimos conscientemente la identidad del nuevo originario americano, intentando siempre ser lo más argentino posible.

VI.

Rueda la Fortuna y lo Divino da salida bienhechora cualquiera sea la vicisitud.

El llevador de Cristo, que buscaba repoblar Jerusalén con cristianos, se encontró con América. Tal vez, por la facilidad aparente, decidieron conquistar, poseer, re poblar esta tierra. Cortés, en base a mentiras y engaños, se apoderó de un mítico Dios americano y fomentó las diferencias internas; se puso al frente y subvirtió el orden establecido mediante una guerra nativa; luego traicionó también a sus aliados originarios. Cabeza de Vaca estuvo en su segundo viaje en los pagos de la reina del plata, tan argentina ella siempre; convivía y comerciaba con los originarios, los respetaba y mandaba que todos así lo hicieran; fue derrocado mediante engaños y violencias por quienes querían ‘la conquista’.

Esto se hizo en Su nombre, al amparo de la cruz que esgrimían los blancos velámenes que cruzaban la última frontera natural y, en vez de recuperar la tierra santa destruyeron el paraíso. ¿Cinco siglos igual?

Pasaron los ciclos y, aunque semejantes, nunca son iguales. Hoy la madre América se ha hecho de aquel símbolo que otrora la dañara y la suavidad en el nuevo trato ya se siente. Su líder fue formado en el seno de la insurgente desorganización organizada que tomó forma en la reina del plata de esta argentina república bicentenaria en el sur del mundo.

El décimo arcano representa el arrebato del hombre hacia un nuevo ciclo, consecuencia del anterior. Rueda fortuna que América refluye. Causa y efecto.

VII.

Unión se llamaba una goleta que naufragó en esta playa que habita mi frontera. De ese accidente surgió la unión de la tripulación italiana con los galeses que se habían radicado en este valle de diáfanas aguas. Hoy hace 150 años que ésta comunidad se estableció en la Patagonia, precediendo ‘la conquista’.

Distintos  paradigmas: los galeses eran colonos, querían poblar y enfatizaron en los vínculos con el otro –originario– y la otra –la tierra–; la ‘conquista’ buscó expandir su frontera, posesión y dominio, someter sin ser sometidos. Que república tan argenta.

Dueño y poblador, ciudadano y habitante, explotador y labrador; palabras que nos habitan como si habitaciones de hotel fuéramos, mientras el suelo americano demuestra que ninguna de ellas será sencilla, ya que nuestra efímera existencia no es capaz. Ella será quién en última instancia perdure cuando el hombre ya no esté, ciclos cumplidos.

La flecha, en su unión al blanco circular, muere estática. Hiere, pero deviene en la protección de la herida que causó, cicatriz que pasa a ser parte, aprehendida y reciclada.

VIII.

Hay ciertos acontecimientos mundiales que son capaces de lograr la unidad de todas las brillantes estrellas que habitan el cielo de la sureña comarca argentina y republicana; y en esa unidad en la que desaparece el yo que te limita y te separa, que va creando la ilusión que somos todos diferentes complicando lo esencial, que es el amor que llevas dentro, América habla por su música.

El uno es la unidad y la unidad es el todo, palitos que convergen en la i griega entre unos y otros, caminos que se unen en un destino común.

Naciones emergentes, continentes mancillados; brotes de la creencia sembrada en sangre al mando del símbolo que los sometió, que demandó el sacrificio. El pontificio de la cruz del sur. «Porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía», Francisco I dixit. También cuidado a la tierra, repudio al falso dios dinero y juicio al abuso. Memoria, verdad y justicia; el llamado americano.

Bases desorganizadas que aprenden a organizarse nuevamente, se hacen resilientes al ambiente, logran la unidad y conforman colectivos inclusivos donde la frontera entre unos y otros se hace borrosa, difusa.

IX.

Un cuento narra que a su arribo encontraron gente vestida que esculpía muebles y herraba herramientas; un reino eficiente tanto en gestión como recaudación en el que se “vivía como reyes”. La selva se comunicaba mediante innumerables senderos y puentes colgantes y la comida se cultivaba cerca de donde se consumía: no existía la agricultura comercial. Además, los humanos allí eran “negros como la noche”. Detalles.

Los portugueses desembarcaron en África. Ciclos diferentes pero semejantes; naciones emergentes. ¿Quién las sumergió?

Ni América ni África escribían. Sus tradiciones orales narraban los cuentos maravillosos que hilaban su historia; sus biblias en las que el único entre líneas posible habitaba en la mirada.

Europa extendió la desnaturalización del hombre. Amos de la ciudad que imponen su voluntad desnaturalizada. Dios fue utilizado y dejado de lado cuando ya se había hecho lo peor en su nombre, pero hoy se recicla en el reflujo americano.

El sistema también cambia y muta y hoy se esconde en el capital. La raíz de todo este asunto se tiene que encontrar en el único lugar donde las raíces viven: la tierra.

Y su posesión.

X.

La décima casa refiere a la capacidad de autonomía; da la medida de afirmación ante propios y ajenos, y mientras rueda la fortuna miro hacia atrás y examino mis huellas, mi porte: actos del pasado que regirán el futuro, vistos desde este presente. La hora del juicio mientras esté en la frontera.

Uno y cero. Entre ellos se forma el código binario; la representación de la totalidad numérica entre los dos, el todo y la nada. Desorganización organizada entre unos y otros con representación total, distintos y semejantes a la vez, incluso hasta opuestos. Todo es cuestión de grado.

Unos y otros es cuestión de reconocimiento, de pertenencia. El género presente en todo. Uno y cero, hombre y mujer, masculino y femenino, la unidad que genera vida de la nada; la naturaleza es la única alquimista: la madre, la tierra, el seno de la humanidad.

Hubo un tiempo en el que todos eran habitantes naturales de la América; una era en que las diferencias de rango externas respondían a una justificación interior, y la dignidad interior formaba la pauta para el rango externo, y reinaba la calma entre los hombres y la sociedad había logrado el orden. Entonces algo pasó y durante un tiempo -tiempito- los dueños fueron dos. Desde entonces hasta hoy sus dueños aumentaron significativamente. El cambio sigue en marcha, pasan los siglos y los ciclos, uno tras otro.

¿Volverá el tiempo en que seamos tan solo pobladores de la tierra, más que habitantes de ciudad?

Joaquín Domenech

Revista “Rescate” N°10, Junio 2015

Nosotros y los Otros

“Escoger el diálogo significa evitar los dos extremos

que son el monólogo y la guerra”

Tveztan Todorov, “Nosotros y los otros”

Para esta edición de “Rescate”, barajamos varias temáticas. Finalmente, nos decidimos por este Nosotros y los otros. Y nos volcamos por este tema porque sentimos que, hoy más que nunca, es indispensable pensar (re-pensar) la diversidad, la otredad. En tiempos en los cuales un partido de fútbol debe suspenderse a causa de graves agresiones físicas ya directamente hacia los propios jugadores, que se produce una cantidad alarmante de femicidios por año, que las discusiones sobre partidismos políticos llega a niveles inaceptables en cualquier convención social, es momento de replantearnos esta disyuntiva, vieja como el mundo: ¿Quiénes somos “nosotros”? ¿Quiénes son “los otros”?

Remontémonos a los tiempos bíblicos. En cierta ocasión, un hombre le preguntó a Jesús “¿Quién es mi prójimo?”, luego de que éste le recordara que «Amar a tu prójimo como a ti mismo» era el segundo mandamiento más importante. Y la pregunta de aquel hombre a Jesús hace más de veinte siglos sigue siendo una de las preguntas primordiales de la humanidad, podría haber sido formulada esta misma mañana:¿Quién es mi prójimo?

¿Quiénes son mis prójimos, mis pares, mis iguales?: ¿Sólo los argentinos? ¿Los latinoamericanos? ¿Los hispanoparlantes? ¿Los cordilleranos? ¿Los angosturenses? ¿Los hinchas de Boca Juniors? ¿Los peronistas, los radicales? ¿Sólo los varones? ¿Únicamente aquéllos que tienen ojos claros?

Es una necesidad humana, antropológica, el sentido de pertenencia, la necesidad de pertenecer. Pero, toda vez establecido un grupo, sus características, su alcance, surgen sus límites. Casi inmediatamente de elaborado un sistema de inclusión a un grupo surge, fatalmente, la exclusión. Al decir «Nosotros somos los hinchas de Chacarita» ya estamos, implícitamente, señalando que existe otro grupo, invisible, silencioso, el de aquellos que no son hinchas de Chacarita, el grupo de «los otros».

Hace un par de años, llegó a mis manos un libro curiosamente titulado Exterminad a todos los brutos. En él, el autor, Sven Lindqvist (nacido en Suecia, en 1932) hace una exhaustivo (y casi extenuante) recorrido por la historia de la humanidad y de las diversas enunciaciones de esa frase terrible, «Exterminad a todos los brutos». La frase fue adquiriendo nuevos y terribles matices en cada una de sus versiones, e inevitablemente formó parte del corpus logístico de cada proceso de eliminación sistemática de un pueblo o grupo social. En uno de los capítulos, titulado «El nacimiento del racismo», el autor reflexiona: «Los prejuicios contra los pueblos desconocidos han existido siempre. Pero, a mediados del siglo XIX se le dio a estos prejuicios una forma organizada y una aparente justificación científica.»

La expansión mundial fue (es) acompañada por una desvergonzada defensa del exterminio, creó hábitos de pensamiento y sentó precedentes políticos que abrieron (abren) paso para nuevas atrocidades (“el más horroroso de todos ellos, el Holocausto”, nos dice Sven Linqvist). Establecidas las eventuales necesidades, sigue Lindqvist, llámense tierras, recursos renovables o no renovables, dinero en efectivo, bienes muebles e inmuebles, políticas económicas, se identifica inmediatamente al “Otro”, que por lo general es quien posee estos recursos. Entonces, ese “Otro” se transforma en el enemigo. Ese “Otro” debe ser diferenciado, insultado, atacado, vencido, destruido.

Pero vencido el “otro”, queda eso que bien señala el autor, los hábitos de pensamiento. Y esos hábitos están siempre ahí: en el lenguaje, en el discurso, en nuestra vida cotidiana. Y por eso son inaccesibles, casi indestructibles. En prácticamente todos los campos de la vida, al hablar, ya estamos definiendo los límites de nuestra vida entre “nosotros” y los “otros”.

Hay un filme, más o menos reciente (2001), del hispano-chileno Alejandro Amenábar. Se llama, poderosamente, “Los otros”. Brevemente, este es el argumento. Es el año 1945 y recién finalizada la 2ª Guerra Mundial, Grace (Nicole Kidman) espera el regreso de su esposo, combatiente en la guerra. Grace y sus dos hijos viven en una mansión apartada de la ciudad. Los hijos, Anne y Nicholas, son fotosensibles, no pueden mantener excesivo contacto con la luz (podrían llegar incluso a morir por ello, según afirma Grace). Llegan dos nuevos sirvientes, para encargarse de la limpieza y el cuidado de los niños. La mansión posee estrictas normas, que Grace les señala: todas las habitaciones deben permanecer en penumbra, no deben abrir una puerta sin haber cerrado la anterior. Progresivamente, milimétricamente, se advierte que en la mansión habitan fantasmas.

Hasta aquí, el clásico thriller. Ahora, el alcance de ese argumento. La referencia a “Otra vuelta de tuerca”, de Henry James, es indiscutible. Allí también hay dos niños en una mansión solitaria. La protagonista de la historia, la nueva institutriz comienza a percibir las apariciones de los fantasmas de la anterior institutriz, muerta en extrañas circunstancias.

En ambas obras, se diluye el límite entre realidad y ficción. Las preguntas flotantes son las mismas: ¿Quiénes son los vivos y quiénes los fantasmas? ¿Quiénes son reales y quiénes nó? O en otras palabras: ¿Quiénes son, en realidad, “los otros” que le dan el título al filme de Amenábar? Un dato de relevancia extraordinaria es este: La casa ha de estar siempre en penumbra, y no pueden abrir una puerta si previamente no han cerrado la anterior. Otra referencia literaria viene de inmediato a la memoria: “Casa tomada”, de Julio Cortázar. En el cuento del escritor argentino, los propietarios van clausurando puertas, detrás de las cuales van avanzando los ruidos de los nuevos habitantes, hasta que finalmente son ellos los que abandonan la casa. Este cuento tuvo más de una interpretación, social y política. En la película de Amenábar, esa luz que amenazaba de muerte a los niños finalmente los toca, pero entonces nada ocurre: sólo gritan despavoridos, por la costumbre, sin que lleguen a aparecer en su piel las monstruosas llagas de las que habló su madre.

Hay otra novela, varias veces llevada (más o menos infelizmente) al cine: “Soy leyenda”, del gran Richard Matheson. La novela fue publicada en 1954, y su trama se desarrolla en una versión apocalíptica de Los Ángeles, a fines de los ’70. El protagonista, Robert Neville, ha sobrevivido a una pandemia, provocada por una guerra bactereológica, que ha arrasado con todos los habitantes de la Tierra. Sin embargo, no están muertos, sino que se han convertido en portadores de una bacteria que produce los síntomas clásicos del vampiro, dividiéndose en dos clases: los infectados, quienes en vida contrajeron la bacteria; y los vampiros, los muertos que resucitaron gracias a la bacteria.

Neville ha estado aislado de la sociedad durante casi tres años, su cordura tambalea. Entonces, ocurre el encuentro con una mujer, Ruth, aparentemente sana, aunque después descubre que también está infectada. Ruth le explica que pertenece a una nueva sociedad de infectados, que están dispuestos a restablecer el orden. Para ese nuevo orden, deben eliminar a los vampiros y al propio Neville, por lo que le aconseja que huya. Neville no podría pertenecer a esta nueva sociedad. Él no se rinde: en medio de un enfrentamiento, es herido en el pecho. Ya en una celda, Ruth va a anoticiarlo de que será ejecutado públicamente. Neville comprende entonces que en esa nueva sociedad no hay espacio para él. Entiende que en ese mundo, el ser extraño es él. Los “monstruos” que él había exterminado con fervor no eran más que seres biológicos normales y corrientes en ese medio. Los monstruos no son “los otros”: el monstruo, el diferente, es él.

En estas tres obras, “Exterminad a todos los brutos”, “Los otros” y “Soy leyenda” se replantea, se revierte el concepto del “otro”, del “diferente”. En todos los casos, el panorama final es revelador, inquietante.

Ya en el final del libro citado al principio de este artículo, Sven Lindqvist asume posibles conclusiones: “La población educada ha sabido, puede decirse, siempre, las atrocidades que fueron perpetradas y que se perpetran en nombre del Progreso”. Y sentencia: “Tú ya sabes lo suficiente. Yo también lo sé. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos hace falta es el coraje para darnos cuenta de lo que sabemos y sacar conclusiones”.

Desde Rescate, sentimos que podemos aportar una conclusión. Mínima, humilde, sí. Pero si en todas partes las relaciones se plantearan desde esta perspectiva, el cambio sería inmediato y resonante: Todos somos nosotros, nosotros somos todos.

Diego Rodríguez Reis

Revista “Rescate” N°10, Junio 2015

Edgar Allan Verse: El Corazón del Actor

Edgar Allan Verse (Paysandú, Uruguay, 19 de enero de 1922 -Londres, Argentina, 7 de octubre de 1979) fue un escritor, poeta, crítico, periodista y actor de nacionalidad uruguayo, aunque residió casi toda su vida en la República Argentina. Generalmente reconocido como uno de los maestros universales de la improvisación, del cual fue uno de los primeros practicantes. Considerado prácticamente el inventor del relato improvisado, contribuyó asimismo con varias obras al género emergente de la ciencia ficción. Por otra parte, fue el primer escritor sanducero de renombre que intentó hacer del arte su modus vivendi, lo que tuvo para él lamentables consecuencias.

Fue bautizado como Edgar Verse en el departamento de Paysandú (República Oriental del Uruguay) y sus padres murieron cuando era niño. Fue recogido por un matrimonio adinerado, Francisca y Juan Allan, de quienes tomó el apellido, aunque nunca fue adoptado oficialmente. Pasó un curso académico en la Universidad de la República y posteriormente se probó, también por breve tiempo, en las inferiores de Peñarol como centrojás. Sus relaciones con los Allan se rompieron en esa época, debido a las continuas desavenencias con su padrastro, quien a menudo desoyó sus peticiones de ayuda y acabó desheredándolo.

Su carrera literaria se iniciaría con un libro de poemas, “Odas, églogas y triunfos improvisados” (1940). No hay ejemplares de esta obra, la cual tampoco se encuentra asentada en el Registro de la Propiedad Intelectual, pero consta que esos poemas causaron un verdadero revuelo en los círculos literarios rioplatenses, debido a la destreza con la cual el neófito poeta dominaba ritmos y técnicas nunca antes vistas (después tampoco).

A ese volumen pertenecería el poema que lo haría eternamente célebre: “El hornero”.

Por motivos económicos, pronto dirigió sus esfuerzos a la prosa, escribiendo relatos y crítica literaria para algunos periódicos. Llegó a adquirir cierta notoriedad por su estilo cáustico y elegante, aunque improvisado. Dictó clases de pintura, literatura, actuación, escultura y canto. Debido a su trabajo, vivió en varias ciudades: Montevideo, Buenos Aires, San Carlos de Bariloche, Villa La Angostura, Rosario y Londres. En Rosario, en 1948, contrajo matrimonio con su prima Morenita Clemm, que contaba a la sazón trece años de edad, la cual murió de tuberculosis dos años más tarde. El gran sueño del artista fue siempre editar su propio periódico y/o fundar su propia compañía de teatro, que iban a llamarse (ambas o cualquiera de las dos) “La Improvisación”. Nunca se cumplió.

La figura del artista, tanto como su obra, marcó profundamente la literatura del mundo, de su país (o por lo menos, del departamento de Paysandú). Sintió la poderosa influencia de la literatura simbolista francesa y, a través de ésta, del surrealismo y del dadaísmo. Pero su impronta llegaría mucho más lejos. Según sus propios dichos, Dadá y sus seguidores, se habían quedado apenas “en los arrabales de la improvisación”.

Son deudores suyos toda la literatura improvisada (profesional o nó), la ya proverbial “Liga Internacional del Teatro de la Improvisación”, los adeptos y cultores del arte efímero en todas sus ramas y acepciones. No existe antología de la poesía improvisada que no cuente con el nombre y la obra de Edgar Allan Verse entre sus páginas. No existe, fundamentalmente, porque todos los proyectos de antologar este género ha quedado sólo en eso: en la etapa de proyecto.

Edgar Allan Verse hizo incursiones asimismo en campos tan heterogéneos como la cosmología, la criptografía y el mesmerismo. Su trabajo ha sido asimilado por la cultura popular a través de la literatura, la música, tanto moderna como clásica, el cine, el cómic, la pintura y la televisión. Lamentablemente, el carácter inherente del arte “improvisado” ha hecho que esta asimilación haya sido absoluta, tanto así que ha borrado su nombre de la obra realizada. Característica determinada y subrayada por el hecho de la ausencia de originales y copias de la obra de Edgar Allan Verse.

Por ello, de su obra ha quedado solamente el recuerdo, las citas y el fruto de sus influencias, las obras de sus admiradores, puntualmente reseñadas por sus múltiples (y a veces contradictorios) biógrafos.

Dos obras, de discutida y dudosa veracidad, han sobrevivido a las garras del olvido que parece haberse ensañado con el trabajo de Edgar Allan Verse. Una, el manual “Stándar de improvisación”, en el cual se enumeran casi religiosamente las pautas que debe seguir un verdadero artista improvisado. Dos, el célebre texto autobiográfico y de tono confesional llamado “El corazón del actor”, donde el versátil sanducero reconoce que es allí en la actuación donde el alma del artista improvisado encuentra el terreno óptimo para desarrollar su arte.

Murió el 7 de octubre de 1979, en la ciudad de Londres, en la Catamarca Argentina, cuando contaba apenas cincuenta y siete años de edad. La causa exacta de su muerte nunca fue aclarada. Se atribuyó al alcohol, a congestión cerebral, cólera, drogas, fallo cardíaco, rabia, suicidio, tuberculosis, una pelea improvisada y un sinfín de causas diversas. Siguiendo un expreso pedido suyo (anterior), se quemaron todas sus fotografías.

Según la Enciclopedia Británica Sanducera: “Su agudo y sólido juicio como comentarista de la literatura, el teatro, el fútbol y la vida cotidiana contemporánea, la virtud y el idealismo de su poesía, la fuerza dramática de sus obras, dotes que se le reconocieron ya en vida, le aseguran un puesto destacado entre los hombres de letras más universalmente reconocidos del departamento de Paysandú”.

En una de sus cartas (dicen) dejó escrito: “Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo. Un honesto deseo de olvidar el futuro, de improvisar, de vivir en el precioso encierro eterno del instante”.

Diego Rodríguez Reis

Revista “Rescate” N°9, Enero 2015

Poetas de la Patagonia: Natalia Belenguer

Leí a Nati ni bien llegué a vivir a Villa La Angostura, su libro de cuentos Desafinan los huesos” (Editorial El Baqueano, Villa la Angostura, 2007) y un tiempo después descubrí que además de una buena narradora vivía en la Villa una gran poeta .

Entrar en su poesía es entrar en un mundo de escenas marcadas por lo cotidiano, por lo simples obstáculos diarios y por revelaciones de belleza inesperada. Entre sus textos siempre hay relatos de viajes, pero no sólo de grandes viajes, sino también de esos pequeños viajes de cada día: tomar un colectivo, un tren, llevar en auto los chicos a la escuela cambian de sentido (o recobran sentido) mirado así, con ojos nuevos. Entrar en su poesía es rescatar cosas que pasan desapercibidas y darles una dimensión distinta: así el sonido de un tren nos puede significar un cuarto de la infancia, un viaje en colectivo la dimensión de los otros que están detenidos en el camino, un viaje en taxi la dimensión del pueblo y sus relaciones.

Algunos de sus poemas señalan, por ejemplo:

ya tuve antes

esta sensación de

vasito plástico

mi amistad

como un

separador de nylon”

y otros, en la vereda casi opuesta:

Hay mañanas que siendo árbol

Me siento en mi centro y las ramas

comienzan a subir

otras mañanas nube, nebulosa.”

Nati dice: “Para mí escribir es abrir con palabras otras posibilidades de, otros caminos de los establecidos y en ese sentido amo la versatilidad del lenguaje que permite pensar, crear, fundar otras realidades móviles. Y esta es también la parte más temida del lenguaje, la que subvierte, polemiza y permite otras miradas”

Lo que más me gusta de su modo de decir es la capacidad y la lucidez de ver desde muchos costados cada cosa, está lo bello y está lo incómodo, lo que maravilla y lo que muerde.

Trabajo

I

último viaje

al trabajo

primer inconveniente

en el micro

me da optimismo pensarlo

por suerte

no estaré

por un mes

expuesta

a los cambios

de correa

ni a los idiotas

que las

confunden.

II

La poesía y

el colectivo

se llevan bien

mejor aún

si está parado

hace tiempo

al menos

la letra

es legible

pero empiezo

a no llevarme bien

con el micro y

esta posibilidad

de pasar la noche

al costado

de la ruta.

III

Corrí tanto

para llegar

a horario

en una despedida

casi teatral

poética de

mis alumnos

y colegas

y ahora acá

ballenato de pies en alto

( gracias al yoga)

y semi tristeza

de ocaso

era otra la correa

I

Baja el sol

y seguimos

hace horas en

el albus

al costado del camino

como fito

los coches pasan

como dragones

con un sonido

que crece al máximo

y se esfuma de a poco

como mis ganas

de quejarme

me corrí del enojo

gracias a mi terapia

y puse las piernas

en el asiento

de adelante

gracias al yoga

y pienso

en el idiota que

se confundió

de repuesto

gracias a nadie.

II

Ahora el albus

de bigotes

anda

como si tuviera

tres correas

en vez

de una

como si quisiera

llegar a

tres casas

en vez de a una

como si hubiese

tres curvas

en vez de una

que nos sea

pienso

el caso

en que

la soberbia

se nos viene

en contra

controlá

tu hybris”

le gritaría

pero el chofer

tiene tres hybris

en vez de una

entonces no

me haría caso

o le sobrarían

dos.

Para leer más textos de Naty, esta es la dirección de su Blog:http://nataliaibelenguer.blogspot.com.ar/

Cecilia Fresco

Revista “Rescate” N°8, Junio 2014

Hoja de Ruta: Mi Mundial Federal. Música y Letra: 4 $ de Tip, Eaeaapepé

Retrocedo en la memoria y aún no logro discernir si este Brasil 2014 fue tan apasionante por méritos propios o si ello se debió a que la selección Argentina volvió a jugar siete partidos, por fin otra final, y cortó así 24 años de eliminaciones en cuartos de final o incluso antes.

Para mí, generación 1980, aquella hazaña maradoniana se deshace en lo intangible de la primera infancia; mi mundial hubiese sido el de Italia 90, anterior derrota finalista a manos del mismo verdugo, precedente fractal para esta versión Argentina – Alemania 2014 (je, si tan solo lo hubiese sido la de aquel Méjico 86).

Diría que la principal diferencia con Alemania 2010 y anteriores, dentro mío, fue la manera de verlo, de vivirlo. Hasta entonces, más inserto al sistema de lo que ahora me encuentro, estaba más permeable a la visión que se baja desde las altas esferas del orden futbolístico, la línea que sigue la gran mayoría, lo quiera o no, acepte o no. Este año me encontró desconectado, con un desconocimiento directamente proporcional al tiempo de aire mediático que fue ganando la selección a medida que se acercaba la ansiada ceremonia inaugural, asique con un Mago a la cabeza pulsé el mundial partiendo del convencimiento, de la creación a través de la palabra, de que Argentina se consagraría Campeón del Mundo derrotando a Brasil en la finalísima (versión Nac&Pop de aquel Maracanazo de antaño), y me apliqué a difundirlo con cuanta persona hablase de fútbol, que resultaron ser muchas.

Desde esta lógica fue que tuve el privilegio ya no de volver a alcanzar una final, sino que desde el minuto 0 de Brasil – Croacia volví a ser campeón del mundo, como en el 86, hasta aquel fatídico minuto 113 de la final, cuando aquel muchachito gringo paró la pelota de pecho y definió hasta la red como nunca más en su vida logrará hacer, e incluso después, durante otros 8 o 9 minutos en los cuales estuve convencido que el empate llegaría y en la vía de los penales éramos invencibles. Y siendo la palabra efectivamente creadora, fue fascinante ver que al menos para mí, sin importar realmente el 1 a 0 de la final en el Maracaná que terminaría por ser la primera consagración de un equipo europeo en tierras americanas, la Argentina fue efectivamente campeón del mundo.

A lo largo de este mes Mundialista ya finalizado, en el que se desarrollaron 64 partidos, más de 6.000 minutos de una pelota yendo y viniendo de acuerdo a los intentos de 22 personas que se movían y se corrían detrás de ella, miles de millones de personas frente a un televisor, infinita cantidad de palabras vertidas en todos los idiomas en la forma de opiniones futbolísticas que terminan por construir el inconsciente colectivo de esta pasión de multitudes que paraliza el planeta cada cuatro años, yo visité y disfruté del evento en Río Ceballos, Río Cuarto; Hughes –pronúnciese Ugues–; Beccar, Acasuso, San Isidro, San Fernando, Delta del Parana, Tigre, Morón, Las Heras; Capital Federal; Dina Huapi, El Bolsón, Cipolletti, Villa Llanquín; Esquel, Puerto Pirámides, Caleta Valdés, Sierra Grande; Colonia 25 de Mayo; y Villa La Angostura, en las provincias de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Río Negro, La Pampa y Neuquén.

Tanto viajando a dedo como mirando partidos –todos los que pude– en remotos establecimientos gastronómicos, cortado en jarrito por favor, compartí Brasil 2014 con un sinfín de personas, todas ellas con su propia manera de vivirlo, de sentirlo y palparlo, por más relación que tuviesen con el deporte en cuestión. También fue notable la transformación que vivimos todos nosotros a medida que se sucedían las distintas instancias, y siento evidente que el evento nos ha dejado a todos algún aprendizaje, sea grande o pequeño, y está en cada uno poder capitalizarlo o no.

Primera fase: AMBA (Lo contrario de sufrir es gozar)

Un lugar común: si hay un país que sabe sufrir, esa es la Argentina; que por ésto o aquello, en eso o en lo de más allá, acá se sufre todo, a diferencia de lo que sucede en el resto no sólo de América, sino del Mundo mismo. No alcanzo a identificar hasta qué punto está inserto en la totalidad nacional, aunque creo que bien le vale el calificativo en la City Porteña al menos.

Pero como los lugares comunes suelen hacer, se termina probando una afirmación falaz. No se trata de cómo pasan las cosas en la Argentina, sino más bien de cómo nos tomamos nosotros los argentinos las cosas que pasan en nuestro país. Elegimos casi de manera inconsciente, o idiosincráticamente, como tomar las cosas que acontecen a diario a nuestro alrededor. Llevado al fóbal, materia que nos atañe en este momento, todos y cada uno de los equipos que avanzaron ‘sufrieron’ a lo largo del camino, por no mencionar los que agonizaron hasta quedar a mitad de él; habría que ver que tan sufrientes fueron las otras idiosincrasias. Y además, si así no fuese, si fuese posible que el otro no llegase nunca, el fútbol no sería el fútbol y nos quedaríamos sin esas Cositas Ricas que aparecen cada tanto sorprendiendo a importantes islas y penínsulas.

Deshilachando un poco, creo que el nudo argento se encontró en una especie de profunda desilusión cualitativa, pública y masiva; Messi, el mejor del mundo, el Fideo más fino y más rápido, un gran Kun, todos con Pipita, y una lista que seguía e incluso se daba el lujo de marginar apellidos de similar peso e incluir algunos otros, especiales o no tan conocidos, que generaban extrañas morisquetas en el interlocutor que la oía por primera vez; demasiada magia y ataque y posibilidad neta de gol, construir un equipo de adelante pa’trás. Todo ello sumado a nuestros rivales, compañeros de Grupo F, daban por resultado, en el imaginario colectivo, goleadas y gambeta y tiqui tiqui, taca taca, o lo que fuera.

La desilusión fue encontrar un equipo mucho más adepto al pico y pala que a la fantástica lujuria de caños, tacos, rabonas, gambetas y sombreros –que igualmente hacían relucientes actos de presencia cada tanto–. Para el espectador promedio, aquello era inadmisible, imperdonable; magia y belleza, tanto y tan poco era lo que se exigía, sobre todo teniendo en cuenta las individualidades que conformaban el equipo, que ya que hay cuatro magos en escena, los quiero ver magiar juntos.

En mi modo de ver y de vivir el fútbol, toda la teoría era errónea a partir del mismísimo enfoque, y mientras la disconformidad a mi alrededor crecía, yo veía un equipo en sí mismo, más allá de las individualidades –que de hecho también aparecían en momentos clave–, y que por ende crecía como conjunto; los mecanismos se aceitaban, engranajes más justos, relevo tras relevo, corte tras corte, toque tras toques, paso a paso sí, como el Mostaza, pero para adelante y más allá de los rivales, o incluso aún de los rivales, quienes salían a la cancha más centrados en que la selección no juegue que en jugar ellos mismos.

Hace poco lo escuché a Gustavo Cordera hablando en radio con Tenenbaum (cuyo argumento era que la realidad es una mierda): “Estuve muchos años observando afuera (…), me entrené en eso hasta que en un momento observé que todo eso que veía afuera era como dice la canción Tenete fe; “no vemos las cosas como son, solamente las vemos como somos”. Entonces corrí el velo de mi propia mirada que estaba observando el mundo y me di cuenta que yo proyectaba afuera todo eso que veía, y lo veía en el otro. Cuando tomé consciencia de eso, empecé a voltear la mirada hacia mí mismo”.

Creo que la manera en la que cada uno vivió el mundial Brasil 2014 tiene que ver con esto. En cuanto a mí, tras el segundo partido, resuelto recién al minuto 90+1, decidí dejar de sufrir a la selección y su juego para disfrutar del equipo y su camino a la gloria; elegí conscientemente hacer un giro positivo dentro mío, por más difícil que me fuera dejar el sufrimiento a un lado.

Argentina se impuso 2 a 1 a Bosnia, 1 a 0 a Irán y 3 a 2 a Nigeria; clasificó primera de su grupo con contundencia, más allá de la paridad en los resultados, y se perfilaba lentamente como candidata (al menos, para el resto del mundo). En la ciudad de Buenos Aires, al tiempo en que yo partía, cundía el desánimo.

Octavos y cuartos de final (“Vas, vas complicando lo esencial/lo esencial es el amor”)

Fuera de la gran ciudad ya se percibía un poco el cambio de ánimo; o tal vez sería más correcto decir que en el interior (?) los individuos se toman a sí mismo con menos peso relativo, una menor propensión a la batalla de egos, una mayor aceptación del otro y su mirada, sin necesidad de menospreciarla ni pisotearla.

Suiza fue en El Bolsón, un barrio llamado Entre Árboles donde sospechosamente (?) no abundan los tevés y previsiblemente (!) se vive entre árboles, por lo que éramos unos cuantos ante la señal de la TV Pública –“¡qué lindo volver a verte!”– y haciendo fuerza, cada uno a su manera y, ante todo, sin mayores exteriorizaciones de tinte negativo –en las propias intimidades, cada uno lo sabrá, y en honor de la verdad, alguna que otra puteada se escapó en alguna oportunidad–.

La vertiginosa alegría del gol de Di María a los 118 minutos, cuando casi todos nos veíamos ya en penales, hubo aún de superar aquel centro cruzado-cabezazo-palo-rodilla-y-afuera-apenitas-por-un-pelo, síncope cardíaco para la población en una micromilésima de segundo de aquel tiempo intranscurrible hasta el pitazo final, para luego dar por fin rienda suelta a la tranquilidad de la victoria, cuartos de final otra vez.

Bélgica en Península Valdés. Por la ventana el infinito del océano y en la pantalla el Pipita exteriorizaba el peso que las interminables cataratas de comentarios desagradecidos generaba en el grupo; y siendo él mismo centro de controversia la imagen mostró un ego herido con gran necesidad de reconocimiento, que se punzaba el pecho reiteradamente con el dedo índice –“yo-yo-yo”–, y el pase a semifinal después de 24 años. Curiosamente, una mesa de turistas latinoamericanos daban cuenta de su almuerzo como si lo que en la tele pasaba fuese tan lejano como otra galaxia.

Ver los partidos de la selección era, por estos lares, como en la ciudad y como evidentemente lo era en cualquier lugar de nuestra vasta Nación: una experiencia espiritual agotadora, tanto desde el goce como desde el sufrir, y el post partido de cada juntada estuvo marcado por una cansada alegría en la que no cabían ni los comentarios.

El camino a Brasil en el Maracaná, Finalísima Sudamericana, continuaba como previsto. El equipo se afianzaba sobre la base de partidos de trabajoso protagonismo; cada vez más cómodos y compenetrados en el pico y pala en vez de la varita y galera, de la mano de un Mascherano que terminaría por crecerse tanto que le explotó el tujes.

En la media que el equipo avanzaba la descarnada crítica empezaba a aflojar, a ceder lugar cada tanto a algún piropo, y los conversos se multiplicaban. Seguía percibiéndose un cierto desanimo por las formas, pero resignado –o desplazado– por las satisfacciones del triunfo; eventualmente todos nos fuimos cuestionando, de particular manera, el porqué de vivir así las cosas; porqué terminar a las puteadas si habíamos ganado y seguíamos y todo ello era motivo de alegría, pero cundía igualmente el desanimo.

Hermosas transformaciones, todas iguales pero a su vez distintas y en su intrínseca diferencia se aumentaba el pulso, creciendo no sólo en cantidad sino también en claridad.

Las otras llaves se habían resuelto como era de esperar, pero la baja de Neymar Jr. en los anfitriones dejaba en jaque a una de las piezas fundamentales en la historia del Maracanazo Nac&Pop, Argentina Campeón 2014: tras que no venía pisando fuerte, casi la totalidad de la esperanza verdeamarelha se sustentaba sobre esa espalda que se quebró bajo el impacto de una oscura rodilla colombiana, rompiendo mucho más que un hueso, tal vez la esperanza de una nación –y sí, así de dramático es el fútbol–.

Semifinal (Lo contrario del amor/No es el odio ni el dolor/Es el miedo”)

Lo que terminó por quebrarse fue el mundial: alguna vez escuché el decir de cierto prócer del fútbol que no recuerdo, mencionando que hay partidos que se quiebran; por alguna razón, la paridad vigente hasta ese entonces se rompe y genera una incógnita absoluta en torno al resultado final, donde cualquier previsibilidad queda hecha añicos. Estas razones pueden ser una expulsión, un mal fallo, algún grueso error propio, u otros factores exógenos al desarrollo del juego en sí mismo.

Y la importancia de aquel momento, ese instante televisado y repetido en cámara lenta, súper slow motion, comentado y analizado y juzgado y condenado que fue el quiebre de Brasil 2014, pudo ser finalmente contemplado en su total magnitud entre los minutos 23 y 29 del primer tiempo del partido entre Alemania y Brasil.

Estación YPF de Sierra Grande, sobre la Ruta 3 en Chubut. Argentinos atentos al devenir brazuca y la sonrisa, casi festejo incluso, tras el primer gol alemán, y pese a que el gesto pudo incluso hasta magnificarse tras el segundo gol, en algún momento de esos extraños seis minutos de fútbol de elite en los que un equipo convirtió cuatro goles viró hacia una expresión de, me atrevería a decir, compasión. Faltaban 60 de los 90 minutos totales y las personas ya se iban: sin la intriga del resultado final, no tenía sentido seguir viendo tanto sufrir.

Así cayó Brasil, con estruendoso estrépito, pero continué el pulso; aquello no importaba y la selección sería campeona mundial nuevamente, como en el 86. Tampoco importaba ese comentario que se escuchaba en el trasfondo de cara al partido de Argentina: que no nos pase con Holanda lo que a los vecinos con Alemania.

***

La Municipalidad de Colonia 25 de Mayo, La Pampa, habilitó un Salón de Usos Múltiples con pantalla gigante y equipo de sonido para todos aquellos que quisieran ver los partidos, y allí terminé aquel Día de la Independencia en el que la Reina Máxima se debatía internamente.

Y fue una fiesta hermosa. Pareciera que la oscuridad reinante allí dentro –en el SUM– y el estruendoso relato que vibraba por los altoparlantes anulaban por completo cualquier intento de demostración egóica, lo que encierra cierta lógica si se piensa bien; sí se palpaba una especie de confluencia hacia la pantalla ante cada avance argentino, explotando en un breve y abortado desborde festivo tras el gol anulado al Pipita –quién seguía palpando demasiado a su yo-yo-yo.

9 de Julio en 25 de Mayo, todo patria y algarabía para festejar todo el partido en unidad, y cuando Romerito finalmente lo hizo y luego la pelota pego en el travesaño y cruzó la línea ahora sí que sí, salimos todos a la calle y allí nos encontramos y reencontramos con todos los otros que salían de sus casas a la calle y el pueblo desfiló y festejó y esa hermosa imagen se plasmó igual en todos lados, cada una a su manera, igualadas ante la esencia misma del festejo y la alegría y algarabía y mostró por fin a todos y cada uno de los pueblos y ciudades y caseríos y campos y estancias y casas y departamentos y villas y countries y todos argentinos y todos festejando que de vuelta a la final… y todos tan distintos y a la vez tan iguales.

Ese sería mi momento del mundial: una noche en la que todos gritamos y cantamos y saltamos en una plaza de un centro de un pueblo, frente a la muni, con un desfile infinito de autos y camionetas y los dos o tres camiones y las motos y las sonrisas, Brasil decime que se siente, como en el 86, y banderas que van y vienen, la invasión de la claridad del día en una noche gris de Colonia 25 de Mayo, provincia de La Pampa, al igual que otras noches, negras o azules, oscuras o claras, de cada localidad en cada provincia de la República Argentina.

Porque lo esencial es el amor, que nos lleva a la unidad en la que se diluye ese yo que tanto nos limita y que crea la ilusión de que somos todos diferentes.

Final (El amor lleva a la unidad/En la unidad desaparece el yo”)

Para la final ya lo habíamos visto todos: hasta el periodismo más contrera andaba a los ponchazos tratando de hacer el relato de el gol que nos consagrara y que sería el que quedaría grabado y sería repetido en todos los compactos hechos de aquí hasta el fin de la historia, algo como el barrilete cósmico de VH versión 2014.

Llegué a VLA y compartí el momento con la gente que quiero y con el Mago a la cabeza fuimos campeones hasta aquel minuto 113 y más allá. Cada uno de nosotros lo vivió a su manera pero siempre para adelante, deseando lo mejor a nuestros muchachos que jugaron bien e incluso se podría llegar a decir que merecían más, que merecían levantar esa copa, si tan solo el fútbol fuese cuestión de merecimientos.

Cerati dice “nada me importa más que hacer el recorrido” y yo estoy seguro, convencido, que la locura de haber obtenido el campeonato mundial hubiese sido absoluta. Y también estoy tranquilo porque, más allá del destino al que arribamos, logré disfrutar plenamente de este camino de siete partidos que nos regaló el equipo. 24 eran muchos años de sequía y apatía.

Y dejando ya de lado Brasil 2014, exorcizado al fin, espero que como pueblo logremos no abandonar esta unidad que hemos logrado, aunque sea a través del fútbol, más allá del posible sin sabor; que mantengamos el aliento unísono y contundente, ya que todos somos argentinos y tiramos para el mismo lado, siempre.

PD: Teoría que a primera vista podría desbaratar toda la sarasa anterior

El Conspiracionista Que Hay En Mí asegura que la decisión fue tomada, tiempo atrás, en las más altas esferas dirigenciales de la multinacional alemana de indumentaria deportiva Adidas, y ejecutada por las divisiones de diseño de la misma, que mediante un gesto que bien podría ser considerado arbitrario, cuando menos, decidieron que los uniformes argentinos –ambos dos– contaran con detalles dorados y los alemanes no (ECQHEM comprobó recientemente que al minuto 0, y en realidad desde hace varios años, Alemania contaba con tres títulos y nosotros dos, hecho que inhabilitaría cualquier argumento del tipo en honor a glorias pasadas). ECQHEM advierte que éste dato no ha de ser pasado por alto, ya que personalmente no recuerda selección alguna que logre campeonar con doré en su uniforme Adidas; y para más detalles consultar con los españoles: campeones en 2010 con el clásico rojo y azul, detalles amarillos; eliminación en ronda de grupos cuatro años más tarde, casi los mismos jugadores luciendo rojo y dorado de campeón.

Joaquín Domenech

Foto: Facundo Rey

Revista “Rescate” N°8, Junio 2014

Adiós a Juan Gelman

Difícil agregar algo a a gran cantidad de bellas despedidas al poeta Juan Gelman, a su gran persona, a su gran poesía. No recuerdo otra muerte de un escritor que haya causado el dolor, que haya provocado la resonancia, las repercusiones que provocó la suya. Hay poetas que no tienen tiempo, aún siendo como él, tan profunda y políticamente comprometida con su época, su poesía es de todos, es para siempre.

Cada uno tiene un camino personal en sus lecturas, una serie de complicidades, amores, recuerdos con la poesía, con los poetas que leyó, para mí Gelman apareció en unas fotocopias compradas en Plaza Italia a fines de los ochenta, y me acompaña hasta ahora. Significó para mí desde siempre la lucha, la lucidez, el dolor y el amor nombrados como nadie supo hacerlo. Significó la capacidad de luchar por la verdad y la justicia hasta el final. Hay mucho para decir de su biografía y poética, pero el único modo de hablar de él que se me ocurre es citarlo. Recibiendo el Premio Cervantes, en su discurso dijo:

“Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular….»

Siento lo mismo que escribió Mempo Giardinelli en una de sus tantas despedidas: “Ay sí, digámoslo: lo primero es la desolación, el miedo, el dolor. Se murió Juan, el poeta. El más grande de todos, el de Violín, el de Gotán, el que nos enseñó a gozar de los diminutivos para la sonoridad contundente de versos inolvidables”.

Unos de sus grandes poemas aquí, para recordarlo siempre:

Himno De La Victoria (En Ciertas Circunstancias)

en madrugada en pleno su esplendor
quién sino yo como ginebras destruyendo a sus víctimas
amadas
para dar luz a la indecisa claridad de sus mesas
quién sino yo con papelitos lujosas descripciones hechas
para callar
o la palabra mesa las mentiras
los metros de mentiras para vestir los codos del borracho
los sastres están tristes pero se cose y canta
se miente en cantidad hermanos míos resulta bella la
fealdad
amorosas las pústulas gran dignidad la infamia
al pájaro al cantor al distraído le han crecido reptiles
con asombro contempla su gran barbaridad
hurrah por fin ninguno es inocente
caballeros brindemos las vírgenes no virgan
los obispos no obispos los funcionarios no funcionan
todo lo que se pudre en ternura dará
miro mi corazón hinchado de desgracias
tanto lugar como tendría para las bellas aventuras

Cecilia Fresco

Revista “Rescate” N°7, Marzo 2014

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