En la casa familiar donde viví mi infancia y adolescencia había un sofá-esquinero de siete cuerpos. Estaba en el living y uno de sus extremos distaba apenas un metro de donde se erguía ese altar personal que fue y sigue siendo mi equipo de música. Muchas horas pasé acostado en ese sofá, con la cabezaSigue leyendo «Un sofá de siete cuerpos / Por Marcelo Gobbo»
